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La UIS lleva esperanza a las aulas rurales de Molagavita

Estudiantes Molagavita

En medio de las montañas de Molagavita, donde los caminos polvorientos parecen alejar a las comunidades rurales de muchas oportunidades, una jornada distinta rompió la rutina de la Institución Educativa Lagunitas.

Hasta este rincón de Santander llegó la Universidad Industrial de Santander (UIS) con su programa Donaciones con Responsabilidad Social, iniciativa mediante la cual la institución entregó bienes dados de baja de su inventario a la escuela rural, autorizados a través de la Resolución 669 de 2026.

Desde temprano, la Institución Educativa Lagunitas vivía una jornada distinta. Aunque el mobiliario y los equipos donados por la Universidad Industrial de Santander habían llegado días atrás, la expectativa seguía intacta entre estudiantes y docentes, que ese día compartían actividades culturales, deportivas y espacios de orientación profesional que transformaron la rutina escolar.

Lo que antes ocupaba espacios en aulas y oficinas universitarias encontró ahora un nuevo propósito en un territorio donde cada recurso hace falta.

En Lagunitas, nada de eso se percibe como usado. Al contrario: cada elemento representa una herramienta necesaria para fortalecer la educación de niños y jóvenes que estudian en condiciones limitadas.

Más mobiliario significa mejores espacios de trabajo; los portátiles y video beams, en cambio, representan una posibilidad de modernizar las clases y acercar a los estudiantes a herramientas tecnológicas que muchas veces parecen lejanas en contextos rurales.

Porque en una escuela como esta, una silla no es solamente un asiento. Es el lugar donde un estudiante permanece durante horas construyendo su futuro. Un escritorio no es únicamente un mueble. Es el espacio donde nacen ideas, tareas y proyectos. Y un video beam puede convertirse en la ventana que conecta a los estudiantes con un mundo mucho más amplio que el de sus veredas.

La visita de la UIS no se limitó a la entrega de mobiliario

La jornada estuvo acompañada de actividades culturales, deportivas y de orientación profesional lideradas por estudiantes de grupos culturales y deportivos UIS, quienes también recorrieron la sede Alto del Rayo, ubicada en pleno Cañón del Chicamocha. Entre danzas, karate y espacios de conversación, la comunidad educativa vivió una experiencia poco común en la zona rural.

“Que la UIS haga presencia en nuestros territorios es muy grato para nosotros”, expresó el docente Jorge Francesco Hernández Miranda. “Llegar hasta acá no es fácil, y ustedes vienen no solo con donaciones, sino también con cultura, deporte y motivación para nuestros estudiantes”.

El rector de la institución, Eugenio Mejía, destacó la importancia de esta visita para toda la comunidad educativa. “Es importantísima porque beneficia a estudiantes, docentes y padres de familia para fortalecer la enseñanza y el aprendizaje”, afirmó. Además, señaló que el mobiliario, los portátiles y los equipos audiovisuales eran necesidades urgentes dentro de la institución.

Para muchas familias, la jornada representó algo aún más significativo: sentir que la universidad también puede llegar hasta las zonas apartadas. “Acá casi nunca hay este tipo de actividades”, contó Diana Paola Valero Soto, madre de familia. “Estamos muy agradecidos porque nuestros hijos pueden conocer más oportunidades y recibir información que realmente les sirve para su futuro”.

Entusiasmo y nuevas aspiraciones

“Me gustó que vinieran y que nos explicaran qué carreras podíamos estudiar”, expresó Ariel Medina Duarte. Mientras tanto, Didier Soto Duarte aseguró que sueña con algún día formar parte de la selección de fútbol de la UIS.

Aunque oficialmente la entrega responde a un proceso administrativo de baja de bienes, en Lagunitas el significado es mucho más profundo. Aquí, los objetos no llegaron como desecho institucional, sino como herramientas capaces de cerrar brechas educativas y abrir oportunidades.

En las montañas de Molagavita, la transformación no apareció en forma de megaproyectos ni grandes construcciones. Llegó en pupitres reutilizados, computadores recuperados y equipos que encontraron una segunda vida al servicio de quienes más los necesitan.

Y en medio de esa ruralidad santandereana, quedó claro que a veces la educación no cambia únicamente con grandes inversiones, sino también con gestos concretos capaces de convertir lo olvidado en esperanza.

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