
Un proyecto articulado entre la Sede UIS Socorro, la Institución Educativa Luis Alberto Acuña de Suaita y la comunidad del municipio de Simacota, transforma los residuos orgánicos en una oportunidad para aprender, investigar y generar alternativas de aprovechamiento.
La iniciativa es desarrollada por un grupo de profesores UIS de la UIS Socorro, entre ellos Pilar Guauque: “la posibilidad de ser docente en las dos instituciones nos abrió la perspectiva de trabajar en conjunto y enfocar nuestros recursos y la idea pedagógica en hacer un aprovechamiento de los residuos que estaban saliendo del restaurante escolar”, explicó Guauque.
El proyecto nació después de identificar que aproximadamente cada 15 días se generaban 200 kilogramos de materia orgánica. Ante esta realidad, los docentes encontraron en el compostaje una alternativa para darle un nuevo uso a estos residuos y, al mismo tiempo, crear un espacio de aprendizaje para los estudiantes.


La experiencia integra a alumnos de los grados séptimo a undécimo, quienes abordan diferentes conceptos científicos a partir del funcionamiento de la compostera. Cada grupo desarrolla actividades relacionadas con temáticas como bioindicadores, pH, temperatura, humedad, grasas, gravedad y fuerzas, de acuerdo con los estándares básicos de aprendizaje.
De esta manera, la compostera se convirtió en un espacio donde los estudiantes pueden observar procesos biológicos, analizar variables y relacionar los conocimientos adquiridos en clase con una situación concreta de su entorno. Dentro del proceso también participa la mosca soldado negra, especie presente en la zona que contribuye a la descomposición de la materia orgánica.
Para Valentina Cadena, estudiante de décimo grado, la iniciativa permitió encontrar una solución a los malos olores generados por los residuos del restaurante: “decidimos hacer una compostera para que no haya malos olores. Gracias a esto llegaron unas moscas que se llaman moscas soldado negras; ellas nos ayudan a desintegrar los desechos y a que no haya tanto mal olor”, explicó. La estudiante también destacó que el proceso requiere cuidados específicos, como controlar la humedad y evitar una exposición excesiva al sol.
Diariamente, entre 11 y 14 kilogramos de desperdicios son llevados directamente a la compostera, evitando que estos residuos terminen mezclados con otros desechos y permitiendo su aprovechamiento.
Para Óscar Mujica Bernal, rector de la Institución Educativa Luis Alberto Acuña, la experiencia permite conectar la formación académica con una problemática real: “es un proyecto coordinado por la UIS que tiene que ver con economía circular y está asociado con nuestra institución sobre el uso de los residuos orgánicos como una forma de mejorar la economía y generar un impacto positivo en el medio ambiente”, afirmó.


El conocimiento llega al territorio
La experiencia también ha despertado interés en escenarios rurales. En la vereda San Pedro, municipio de Simacota, Hugo Cala, productor agropecuario, conoció el proceso y encontró posibilidades para aplicarlo en su finca: “cada día vamos a aprender cosas nuevas. Eso no lo sabíamos, venimos aprendiendo y me parece de maravilla porque el abono orgánico puede utilizarse en cítricos, jardines, plantas y pastos.”
Esta articulación entre la Sede UIS Socorro, la institución educativa y la comunidad puede convertir una problemática cotidiana en una oportunidad de aprendizaje, investigación y transformación ambiental: residuos que dejan de ser desechos para convertirse en recursos y conocimiento al servicio del territorio.