Químico de la UIS lidera, desde Suecia, el desarrollo de un biosensor revolucionario para la fertilidad humana

Equipo de científicos Spermosens

El investigador y químico santandereano, Jaime Castillo León, egresado del programa de Química de la Universidad Industrial de Santander, se encuentra al frente de una de las innovaciones biomédicas más prometedoras en Europa para la salud reproductiva.  Desde la ciudad de Lund, Suecia, donde ejerce como director de tecnología en la empresa Spermosens AB, Castillo lidera el desarrollo de un biosensor electroquímico diseñado para diagnosticar, de manera rápida y efectiva, la infertilidad masculina y optimizar los tratamientos de fertilización in vitro (FIV).  Algo similar a un glucómetro, pero en este caso para detectar fertilidad o infertilidad en espermatozoides.

Castillo León culminó sus estudios de pregrado en Química en la UIS en el año 2000. Tras obtener la orientación de su director de tesis, el profesor ruso Ivan Sakharov, consiguió una beca del Instituto Sueco para realizar sus estudios de maestría y doctorado en Electroquímica en la renombrada Universidad de Lund, Suecia.

Sin embargo, a pesar de haber ejercido su vida profesional fuera de su tierra, el doctor Castillo evoca con enorme aprecio su formación en el campus de la UIS.

“Yo estudié química en la Universidad Industrial de Santander y terminé la carrera en el año 2000 (…) El ambiente que existía en la universidad creo que es único en Bucaramanga porque le da la oportunidad de debatir ideas, de conocer gente de todo el país, de todas las clases sociales (…) Eso es lo que recuerdo y extraño bastante”.

Tras obtener su doctorado en 2005, en biosensores amperométricos, realizó estancias de posdoctorado en la Universidad de Bochum (Alemania) y posteriormente en la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU), donde ejerció durante siete años como profesor asistente y asociado en micro y nanotecnología.

Su paso por la industria europea incluye el desarrollo de celdas solares con nanoalambres en Solvoltaics y la cofundación de la firma Aligned Bio.

A lo largo de sus 26 años en el norte de Europa, el científico destaca la impronta de su alma mater: “Siempre he tenido presente mi lugar de origen, siempre intentando dejar en alto el nombre de Bucaramanga, de Santander y también de la UIS, tratando de aplicar todos los conocimientos adquiridos (…) Todo eso lo ayuda a usted a generar otra serie de ideas (…) Así que para mí siempre la UIS está presente”.

Dispositivo tecnología JUNO-Checked

La tecnología de Spermosens, diagnóstico preciso para la fertilidad

En la actualidad, la infertilidad afecta a más de 48 millones de parejas en el mundo, y menos de uno de cada cinco tratamientos resulta exitoso en sus primeras etapas

Tradicionalmente, la evaluación de la infertilidad masculina se ha limitado a parámetros físicos del esperma, omitiendo las interacciones bioquímicas esenciales para la fecundación.

El dispositivo en desarrollo en Spermosens (tecnología JUNO-Checked), empresa de la que hace parte Castillo León, soluciona este vacío mediante un biosensor electroquímico que emplea proteínas receptoras de origen ovocitario acopladas a un electrodo metálico.

El sistema detecta la presencia y concentración de la proteína Izumo1 en la superficie del espermatozoide. “La importancia de la proteína que detectamos en las muestras de espermatozoides humanos radica en que esta proteína, que se llama Izumo1, es algo así como si fuera la llave que abre el candado que está en la superficie del óvulo, donde tenemos otra proteína que se llama Juno (…) Si esta proteína no está presente en cantidad suficiente, el método tradicional de fertilización in vitro no va a funcionar”.

Impacto clínico, económico y emocional para las parejas

Cuando la proteína Izumo-1 está ausente, los métodos convencionales de fertilización in vitro fallan repetidamente, lo que obliga a recurrir a la microinyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), introduciendo directamente el espermatozoide en el óvulo mediante una aguja. Hasta ahora, la elección entre estas técnicas se realizaba por ensayo y error.

Este proceso a ciegas genera elevadas consecuencias económicas y de salud. En países como Suecia, por ejemplo, un intento fallido de fertilización in vitro puede costar cerca de 4.000 euros, alcanzando hasta 20.000 euros tras múltiples ensayos. Además, somete a las mujeres a intensas sobreestimulaciones hormonales repetidas.

Al respectó, el científico santandereano enfatiza el objetivo principal de su desarrollo: “La idea es reducir los tiempos, reducir el costo, evitar exponer a la mujer a toda esta sobrecarga hormonal y básicamente obtener una respuesta más rápida e informada dependiendo del análisis del espermatozoide”.

Hacia la aprobación comercial en la Unión Europea

Como director de Tecnología, Castillo encabeza la arquitectura técnica de biosensores (elección de electrodos, mezcla de reactivos y evaluación analítica y clínica) así como el plan regulatorio para la aprobación por parte de la Unión Europea.

Con este dispositivo, la biotecnología impulsada por talento UIS busca transformar la medicina reproductiva personalizada, aportando una herramienta estandarizada y efectiva para clínicas y bancos de esperma a nivel internacional.

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