
La carta astral, la natal, los amplísimos trazados con los que se tejen las constelaciones familiares e incluso las raíces genéticas determinan el camino que tenemos trazado desde que nacemos. Al momento de conversar con la abogada Natalie Reyes Guerra, se evidenció que, cualquiera que sea la teoría en la que se crea, esta siempre va a conducir a un factor común que define desde su temperamento de brava santandereana hasta el liderazgo que hoy tiene como delegada en Santander para el programa de protección, restitución y formalización de tierras.
La carta astral muestra el mapa único de cada persona, tal como si se tratara de una fotografía tomada en gran angular, que permite ver todas las facetas de vida que definen aspectos como la personalidad, las dinámicas de interacción social, la familia, el dinero y, a su vez, que permiten prever el futuro de la persona, esto sin llegar a ser un arte premonitorio o una videncia.
Así, por ejemplo, en una lectura rápida de la carta natal de nuestra invitada, zodiacalmente definida en su aspecto solar como perteneciente al signo Libra (la balanza), se muestra, desde su labor profesional, como una persona nacida para afrontar retos y una triunfadora total cuando se trata de mediar y hacer valer la diplomacia.
De hecho, en la medida en la que se conozca más la historia de nuestra invitada se podrá corroborar lo que las cartas natales han permitido visualizar.

Por otra parte, se encuentran las constelaciones familiares, ese recurso que permite abordar consideraciones que responden a preguntas de nuestro presente a partir del análisis de las huellas generacionales de quienes vinieron antes. En estas se perfilan rasgos de personalidad que ayudan a corroborar los dos abordajes anteriores.
El padre de Natalie, Enrique Antonio Reyes, nació en Vélez, un municipio santandereano donde se dice que quienes allí nacen salen tan atravesados como su iglesia. De hecho, don Enrique estudió Ingeniería de Sistemas en la Universidad Industrial de Santander (UIS), y si bien no hizo parte directa del grupo de expulsados de su tiempo, sí acompañó a la AUDESA, movimiento estudiantil del que surgirían figuras que serían la base del Ejército de Liberación Nacional, ELN.
“Al parecer existía un vínculo familiar lejano con la rectora Cecilia Reyes de León, lo que lo salvó de la expulsión, pero no de tener que dejar la institución y darle un vuelco a la proyección de su futuro”.
Además, su madre Diana Isabel Guerra estudió enfermería en la misma institución y, si bien proyectaba un mejor equilibrio temperamental que su marido, las circunstancias de la vida le hicieron demostrar una gran fortaleza en contraposición a esas situaciones complejas. Doña Diana fue docente rural en una zona donde la violencia era el pan de cada día; sus estudios se dieron con grandes sacrificios y con hijos, pero eso no le importó, se sobrepuso a las mil trabas que le trazó el destino y le dejó claro su tesón de mujer santandereana.
No soy de aquí… no soy de allá
Las definiciones que hemos presentado, con respecto a las lecturas mencionadas, son rastreables en varios momentos de la vida de la protagonista. Así, por ejemplo, aunque en documentos aparece como nacida un 8 de octubre en la ciudad de Bucaramanga, la realidad es que Natalie vio la luz vital en Valledupar un 12 de octubre de 1985. Cambio que hizo posible su padre, moviendo influencias con un notario amigo, con el fin de que su primogénita apareciera nacida en Bucaramanga un 8 de octubre.
“Cuando yo nací, mi madre trabajaba en el área rural de Bosconia como profesora, donde no existían buenas condiciones para vivir, dado los tiempos difíciles que corrían, por lo que terminé bajo el cuidado de una familia caleña amiga de mis padres allá en Valledupar.

A los tres años me traen a Bucaramanga, donde casualmente vivimos en la casa de unos amigos de mis padres, exactamente en todo el frente de la UIS, en la que hoy sigue llamándose ´La casa del Che´, en razón a que en una pared, que todavía se conserva intacta, aparecía pintada la figura de este personaje.
La UIS era mi patio de recreo y allí, exactamente donde hoy quedan los dos edificios de Humanas, estaban las canchas de baloncesto y de fútbol, por lo que solo era cruzar la calle y ya estaba dentro de la universidad jugando.
A los nueve años, mi madre consiguió un traslado para atender el centro de salud del Corregimiento de Virolín, en Charalá, donde fuimos a parar todos y donde diría, pasé los mejores años de mi vida, bañándome en los ríos rojos, caminando por entre el bosque y siendo esencialmente libre.
Llegó el bachillerato y pasé a estudiar en Charalá, un pueblo que me adaptó y donde por poco y termino convirtiéndome en una artista, gracias al encantamiento que produjo en mí el haber conocido al maestro Manolo Díaz, donde no perdía momento para estar aprendiendo todo ese maravilloso universo sensible de la pintura primitivista que para mí era como una especie de latido alterno de mi corazón”.

Desde luego, al terminar el bachillerato la primera opción de estudio era la UIS, pues las condiciones económicas de la familia no le permitían financiar una carrera en un centro de estudios privado, donde precisamente existían las carreras que le atraían: periodismo, ciencias políticas, psicología o en últimas la pedagogía que, como egresada de la Normal, era notorio que le llamara la atención.
Así se presentó a la carrera de Derecho, donde el puntaje del ICFES la ubicó exactamente en el límite del corte, quedando en lista de elegible si llegara a quedar un puesto no copado.
Destino la UIS
Corriendo el año 2003 inició sus estudios en la fría capital boyancense, donde, gracias a su formación como normalista, pronto destacaría como una de las mejores estudiantes de su cohorte.
Un año después, la tenacidad para afrontar y vencer retos que le signaba su carta astral, la llevó a tomar la decisión de volver a presentarse a la UIS, donde en esta ocasión el viento sopló a su favor y así retornó a la tierrita e inició su nueva carrera.
“En los primeros semestres podría autocalificarme como la estudiante nerda. Todo era estudio y claro, para esta época se sumó un tema complicado cuando todo el sistema de salud pública comenzó a presentar grietas, a mi madre le quedó absolutamente imposible seguirme apoyando económicamente, por lo que gracias a mi excelente promedio logré conseguir el cupo a comedores y allí conozco de primera mano las dificultades de muchos estudiantes y empezó el bicho de la rebeldía a meterse en mi pensamiento.
Todo parecía converger. Las dificultades de la familia, las revueltas que empezaron a darse al interior de la universidad, la posibilidad de que derivado de la problemática nacional del sector salud, el gobernador Aguilar anunciara el inminente cierre del González Valencia y ahí florece la nueva Natalie”.
En un resumen bastante ligero de los hechos, el nombre de la chica de derecho que alzaba la voz por los estudiantes y los trabajadores del sector salud comenzó a visibilizarse. Es tiempo también para el amor y allí inicia una relación con Nasser Jalaff, un estudiante de medicina qué, junto con Salvador Rincón, liderarían y le darían forma a la conformación del grupo de estudiantes UIS que marcharían hasta Bogotá, en procura de hablar con el presidente Uribe y buscar una solución a la crisis del sector.

“Para financiar esta marcha se hicieron múltiples actividades. Vendíamos de todo entre los estudiantes y tanto por ser la novia de uno de los líderes visibles, como por ser quien más plata logró recoger para financiar la marcha, mi nombre comenzó a sonar y claro, además yo era la única mujer de un programa distinto al área de la salud que hizo parte de esta acción y allí inició lo que llegaría a engendrarse como mi postulación a la representación estudiantil ante el Consejo Superior de la Universidad”.
Primera mujer consejera
Tras lograr el objetivo de la marcha de salvar el hospital, donde se consiguió liquidar el antiguo Hospital González Valencia y crear el nuevo Hospital Universitario de Santander, el liderazgo de la estudiante de Derecho no se cuestionaba y es así como Salvador Rincón le sugiere presentarse como representante de los estudiantes ante Bienestar Universitario.
Las elecciones darían una gran sorpresa cuando Natalie prácticamente dobla en votos a los alcanzados por el candidato a ser representante ante el Consejo Superior. Una estrella brillaba con luz propia en el firmamento de liderazgo estudiantil.
Dos años después, el 31 de mayo de 2008, la Universidad convoca a un nuevo proceso electoral, en esta oportunidad, para escoger democráticamente el nombre de la persona que ocuparía un lugar en el Consejo Superior del ente universitario, en calidad de representante de los 17 mil estudiantes que, para esa fecha, cursaban sus estudios superiores en el principal claustro del oriente colombiano.
“Al momento de proponer mi nombre como candidata, se vivía una instancia compleja al interior de la universidad y existía cierta oposición de los grupos que podríamos calificar del ala radical, que insistían en que era necesaria una voz fuerte e impositiva, de manera que fui objeto de no pocos señalamientos, como decir que yo era una ‘tibia’ y que iba a terminar siendo parte de los hilos que desde la misma Presidencia de la República. Pretendían hundir muchos de los logros que el estudiantado había alcanzado a lo largo de la historia de la universidad”.
Evidentemente, la UIS atravesaba un complejo momento histórico enmarcado por permanentes protestas y acciones de los estudiantes contra lo que ellos manifestaban. Se trataba de un intento por darle un giro de poder a la derecha dentro del claustro universitario, por lo que el periodo como representante estudiantil de la joven estudiante de Derecho debió demostrar que lo estipulado por su carta natal era el verdadero espejo de su accionar, de manera que su signo solar Libra puso sobre la balanza las dos claras vertientes de su perfil: templanza y carácter, para hacer valer su representatividad y, al tiempo, una altísima capacidad de juicio y sensatez para escuchar y validar las voces institucionales.
“Lo que se dio al momento de esta elección fue un hecho que nos llevó a que tanto el gobernador de Santander en su calidad de presidente del Consejo Superior, para entonces Horacio Serpa Uribe, y yo en calidad de vocera del estudiantado, tomáramos la determinación de votar en blanco, pues se evidenció que la noche anterior, prácticamente, los demás miembros del Consejo Superior, a puerta cerrada y sin consultar con nosotros, coincidieron en votar a favor de la reelección del ingeniero Camacho Pico”.
Esta novedad hacía ver a la representante estudiantil, ante sus compañeros de mesa en el Consejo Superior, como vocera de los intereses del estudiantado, y dentro del grupo de los estudiantes, como permisiva al no haber generado una mayor reacción a esta situación anómala dentro de lo dictado por la normativa del ente universitario.
“Finalmente, y a pesar de las muchas dificultades que se debieron enfrentar en este caldeado ambiente, me queda la plena satisfacción de haber logrado importantes avances a favor de los estudiantes, como por ejemplo, que cerca del 60 % de los recursos girados por la Gobernación de Santander a la UIS tuvieran como objetivo la reducción en más del 50 % de los costos de las matrículas para los estudiantes de las sedes regionales, donde se concentraba la mayor inequidad en materia de capacidad económica para permitir el ingreso a la universidad a sectores mayoritariamente provenientes del sector rural”.
Esta historia que comenzó con una mirada desde la perspectiva astral, no podía terminar de manera distinta a subrayar que el hecho de que al momento de su nacimiento, el sol transitara por Libra y la luna por Leo, confirmaría que en su porvenir, sería la valentía a la hora de tomar decisiones la que marcaría muchos acontecimientos de su vida cotidiana, como en efecto, se pudo corroborar en estas breves líneas sobre esta destacada abogada de nuestra Universidad Industrial de Santander.