Estudio revela que 3 de cada 10 pacientes con infarto cerebral tienen la enfermedad de Chagas

En Santander, una de las regiones de Colombia donde la enfermedad de Chagas ha tenido históricamente mayor presencia, la infección por el parásito Trypanosoma cruzi sigue cobrando víctimas de forma silenciosa. Aunque durante años se asoció esta patología únicamente a problemas del corazón o del sistema digestivo, una investigación desarrollada por la Universidad Industrial de Santander (UIS) pone sobre la mesa una advertencia crítica: la enfermedad de Chagas está estrechamente ligada a la ocurrencia de accidentes cerebrovasculares (ACV) isquémicos, conocidos popularmente como “derrame” o “infarto” cerebral.

El estudio, titulado “Seropositividad para Chagas en ACV isquémico: mayor severidad neurológica y daño cardioembólico en Santander, Colombia”, es la serie de pacientes más grande publicada en el país sobre esta relación en los últimos 20 años. Realizado en el Hospital Universitario de Santander (HUS), el trabajo evalúa cómo la infección altera el estado de salud de las personas que ingresan de urgencia tras la obstrucción de una arteria cerebral.

Un “Chagas oculto”

Uno de los hallazgos más impactantes del estudio es la elevada proporción de pacientes infectados. Mientras que en la población general de Colombia se calcula que alrededor del 2 % padece la enfermedad de Chagas, entre los pacientes que ingresaron al HUS por un ACV isquémico la cifra se disparó a cerca del 30 % (3 de cada 10 personas).

Laura Marcela Rey, médica residente del programa de Medicina Interna de la UIS y una de las investigadoras principales, explica la motivación para indagar este fenómeno en el departamento: “Santander es uno de los departamentos con mayor presencia de Chagas en Colombia, y en el Hospital Universitario de Santander atendemos pacientes con accidente cerebrovascular (ACV) con frecuencia. Me llamó la atención que existen pocos estudios colombianos sobre el tema, muchos de ellos datan de más de 20 años de realizados y que en Santander el número de investigaciones son limitadas. Además, en otros países se ha observado que a muchas personas el Chagas se les diagnostica después de sufrir un ACV, porque la infección puede permanecer sin síntomas durante décadas. Quise saber si aquí estaba ocurriendo lo mismo”.

Muchos de los afectados desconocían por completo ser portadores del parásito hasta el momento de llegar a la sala de urgencias, o incluso tras haber sufrido episodios cerebrovasculares previos.

Laura Rey junto a docente UIS, con reconocimiento de la investigación

Un corazón debilitado y propenso a coágulos

Con el paso de los años, el parásito del Chagas inflama y destruye gradualmente las fibras musculares del corazón, haciendo que este se agrande, pierda fuerza para bombear e impulse la sangre con un ritmo irregular (arritmias), explica la doctora Rey.

Cuando la sangre no fluye de manera fluida y el corazón no late correctamente, se forman coágulos en su interior. Posteriormente, un coágulo puede desprenderse, viajar por el torrente sanguíneo hasta el cerebro y bloquear una arteria clave, privando de oxígeno a las células neuronales. Esto es lo que en medicina se conoce como un ACV de origen cardioembólico.

“El corazón late de forma irregular o no bombea bien, la sangre puede formar coágulos en su interior. Si un coágulo se desprende, viaja hasta el cerebro y obstruye una arteria, y eso produce el ACV. Esto es lo que llamamos origen cardioembólico. En nuestros pacientes con Chagas el corazón estaba mucho más afectado: el 45 % tenía una capacidad de bombeo muy reducida, frente al 13 % de los pacientes sin Chagas. Solo 3 de cada 10 tenían un electrocardiograma normal, frente a casi 8 de cada 10 de los demás. Además, presentaban con más frecuencia arritmias y antecedentes de otro ACV”, asegura la doctora Rey.

Una vía propia hacia el accidente cerebrovascular

Tradicionalmente, los accidentes cerebrovasculares se atribuyen a factores de riesgo bien conocidos como la hipertensión arterial, la diabetes, el hipercolesterolemia o el tabaquismo. Sin embargo, la investigación reveló que estos factores eran muy similares entre ambos grupos de pacientes, e incluso los portadores de Chagas registraron niveles de glucosa ligeramente más bajos.

“Los factores de riesgo habituales no explican estos casos. La hipertensión, la diabetes y el consumo de cigarrillo fueron similares en ambos grupos, e incluso los pacientes con Chagas tenían niveles de glucosa algo más bajos. Esto sugiere que el Chagas lleva al ACV por una vía propia: además del daño al corazón, el parásito genera inflamación en los vasos sanguíneos y aumenta la tendencia de la sangre a coagularse”, detalla la Dra. Rey.

Severidad neurológica y pronóstico de vida

Para medir el impacto del ataque cerebral, los neurólogos emplean la escala NIHSS, una herramienta estandarizada que otorga un puntaje según la pérdida de funciones motoras, del habla o del estado de conciencia.

Los pacientes con Chagas ingresaron con una mediana de 11 puntos en dicha escala, comparados con los 7 puntos de quienes no tenían la infección. Aunque esta diferencia de 4 puntos muestra una clara tendencia hacia cuadros neurológicos más severos, los investigadores aclaran que requiere confirmación en estudios con muestras más grandes para alcanzar significancia estadística estricta.

Donde sí se halló un resultado estadístico contundente fue en el valor de la escala NIHSS como indicador directo de la mortalidad durante la estancia hospitalaria: por cada punto adicional que obtenía un paciente al ingresar, el riesgo de fallecer aumentó en un 11 % (RR 1,11; IC 95%: 1,04-1,19; p=0,003).

“Es un efecto acumulativo: si se asume que el aumento es constante, un paciente que ingresa con 11 puntos tendría un riesgo de fallecer cercano al 50 % mayor que uno que ingresa con 7”, puntualiza la investigadora.

El trabajo de investigación —liderado por el Dr. Iván Mauricio Peña Castellanos (neurólogo y director del proyecto), la Dra. Laura Marcela Rey (residente de Medicina Interna), la Dra. Claudia Lucía Figueroa (internista, epidemióloga y codirectora), junto con los estudiantes de medicina Simón Rincón Hernández y José Daniel Molina— ha recibido destacados reconocimientos en la comunidad científica.

El estudio obtuvo el segundo puesto en la modalidad oral de Trabajo de Investigación en el XVII Congreso Colombiano de Neurología y el III Congreso Latinoamericano de Cefalea, organizado por la Asociación Colombiana de Neurología (ACN). Además, ha sido expuesto en el Congreso Iberoamericano de Enfermedades Cerebrovasculares (Ciudad de Panamá, 2025), en el Congreso Colombiano de Cardiología (2026) y llevará la representación de la ciencia santandereana al Congreso Latinoamericano de Parasitología (FLAP 2026).

Este logro de la Facultad de Salud de la Universidad Industrial de Santander subraya la importancia crucial de generar ciencia local con impacto real en la salud de las comunidades del nororiente colombiano.