
La disminución de los nacimientos, el envejecimiento acelerado de la población y la migración de jóvenes hacia las grandes ciudades plantean nuevos desafíos para el desarrollo económico, social y territorial del departamento.
¿Qué ocurre cuando un territorio comienza a quedarse sin niños y jóvenes? La pregunta, que hace algunos años parecía lejana, hoy forma parte de los principales desafíos identificados por Santander Visión Prospectiva 2050. El proceso de prospectiva liderado por la Universidad Industrial de Santander (UIS) advierte que el departamento atraviesa una transformación demográfica profunda que ya está modificando las dinámicas sociales, económicas y territoriales de numerosas provincias y municipios.
La reducción sostenida de los nacimientos, el aumento de la esperanza de vida y la migración de población joven hacia las grandes ciudades están cambiando la estructura poblacional de Santander. Aunque se trata de una tendencia observada en todo el país, sus efectos comienzan a sentirse con mayor intensidad en varias zonas rurales del departamento.
“Estamos envejeciendo a un ritmo acelerado y la natalidad está bajando significativamente. Esto implica cambios demográficos para el territorio y plantea retos que debemos gestionar desde ahora pensando en Santander al año 2050”, explicó Laura Moreno, trabajadora social, especialista en Investigación social y magíster en Gestión y política pública de la UIS, durante el programa radial Santander Visión Prospectiva: Voces que construyen territorio.

Menos nacimientos y más adultos mayores
Las cifras nacionales reflejan la magnitud de esta transformación. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Colombia registró en 2024 la cifra más baja de nacimientos de las últimas décadas, mientras que la tasa global de fecundidad descendió hasta 1,2 hijos por mujer, muy por debajo del nivel necesario para garantizar el reemplazo generacional.
En Santander, el fenómeno presenta características particulares. El diagnóstico territorial desarrollado por Santander Visión Prospectiva 2050 encontró municipios donde los nacimientos son cada vez menos frecuentes e incluso algunos que no registran nacimientos desde hace varios años.
“Casos como Palmas del Socorro y Jordán son especialmente llamativos porque, según los registros observados, no presentan nacimientos desde hace más de una década. También encontramos municipios donde los nacimientos desaparecieron durante los últimos años, como ocurre en Aguada”, señaló Yuri Sánchez Martínez, fisioterapeuta, magíster en Epidemiología y doctora en Ciencias médicas.
Al mismo tiempo, la proporción de adultos mayores continúa creciendo. Los análisis realizados dentro del proyecto identificaron municipios con índices de envejecimiento considerablemente superiores al promedio departamental, especialmente en provincias como Vélez y Comunera.

La migración juvenil agrava el desafío
A la disminución de la natalidad se suma otro fenómeno que preocupa a las comunidades: la salida constante de jóvenes hacia ciudades capitales en búsqueda de oportunidades educativas y laborales.
Durante los conversatorios territoriales desarrollados en Málaga, Barbosa, Socorro y Barrancabermeja, líderes comunitarios, empresarios y actores sociales manifestaron su preocupación por la pérdida progresiva de población joven en las provincias.
La situación tiene consecuencias directas sobre el desarrollo económico local. Sectores como el agro, el turismo rural y las pequeñas empresas familiares enfrentan crecientes dificultades para encontrar relevo generacional y garantizar la continuidad de sus actividades productivas.
“Si no tenemos niños, no vamos a tener jóvenes a futuro, y si no tenemos jóvenes perdemos capacidad productiva. Además, muchos de ellos están migrando, lo que genera desafíos adicionales para la sostenibilidad del territorio”, afirmó la profesora Moreno.
Paradójicamente, algunos municipios comienzan a observar fenómenos de retorno. Jóvenes que migraron hacia grandes ciudades están regresando para emprender proyectos relacionados con el ecoturismo, los servicios ambientales y nuevas actividades económicas que buscan dinamizar las economías locales como lo es el ejemplo de El Peñón.
Un reto para la salud y los sistemas de cuidado
El envejecimiento poblacional también tendrá impactos significativos sobre el sistema de salud. Las enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares tienden a aumentar con la edad, lo que implica una mayor demanda de servicios médicos especializados, atención continua y cuidados de largo plazo.
“En este momento no estamos preparados. Si la población continúa envejeciendo y no hacemos ajustes, la presión sobre el sistema de salud será cada vez mayor”, advirtió Sánchez Martínez.
Las investigadoras coinciden en que uno de los principales retos será fortalecer los modelos preventivos y promover estilos de vida saludables que permitan retrasar la aparición de enfermedades asociadas al envejecimiento. A esto se suma una realidad poco visible: la creciente necesidad de cuidado de las personas mayores.
Actualmente, la mayor parte de estas labores recae sobre las familias y, especialmente, sobre las mujeres. De acuerdo con los análisis presentados durante el programa, 9 de cada 10 personas cuidadoras son mujeres, quienes combinan estas responsabilidades con sus actividades laborales y familiares.

Pensar el territorio desde una nueva realidad demográfica
Más allá de las cifras, el proyecto Santander Visión Prospectiva 2050 plantea una reflexión de fondo: el departamento ya no tiene la misma estructura poblacional de hace tres décadas, pero muchas de sus decisiones públicas continúan diseñándose bajo supuestos demográficos que han cambiado profundamente.
La disminución de la población joven, el envejecimiento acelerado, la migración y las nuevas demandas sociales obligan a repensar la forma en que se planifican los servicios de salud, la educación, la movilidad, el empleo y el desarrollo económico.
Incluso, algunos expertos consideran que determinados municipios podrían enfrentar dificultades para mantener su sostenibilidad económica e institucional si las tendencias actuales continúan profundizándose durante las próximas décadas.
Frente a este panorama, se busca aportar evidencia, análisis y escenarios que permitan anticipar los cambios y construir respuestas colectivas desde el territorio.
El desafío ya no consiste únicamente en comprender cómo está cambiando la población santandereana, sino en preparar al departamento para una realidad que ya comenzó a transformar la vida de sus municipios, sus familias y sus comunidades.