En la vereda El Guamo, en Simacota, Santander, parte baja, el calor golpea fuerte. Una sensación térmica de casi 30 grados acompaña el recorrido. Siete horas desde Bucaramanga separan a esta comunidad campesina de la capital santandereana; cuatro de ellas, por una vía destapada, maltrecha, marcada por el polvo y los baches. Pero el viaje también regala otra cara de Santander: montañas verdes, aves que cruzan el cielo en silencio, árboles de todos los tonos, cultivos de cacao, aguacate y cítricos que parecen interminables, ganado pastando entre las lomas y enormes tacos de madera atravesando la carretera, cargados a lomo de mula, destinados a levantar las coloridas casas que aparecen a lado y lado de la vía, como pequeñas postales campesinas aferradas a la montaña.
Hasta ese rincón llegó la Universidad Industrial de Santander, UIS, con su programa de Donaciones con Responsabilidad Social, realizando la entrega número 155 en el país. Y aunque los camiones iban cargados de pupitres, escritorios, libros y elementos para laboratorio, lo que realmente transportaban era esperanza.
En la Institución Educativa El Guamo, durante años, estudiar ha significado adaptarse a lo poco que había. Pupitres incompletos, mesas improvisadas y laboratorios sin materiales hacían parte de la rutina de los estudiantes. Por eso, la llegada de la UIS no fue simplemente una donación: fue un mensaje de dignidad para una comunidad que llevaba mucho tiempo esperando ser escuchada.
Nicolá Jaimes, estudiante de la institución, resume en sus palabras lo que significó esta entrega para quienes todos los días llegan a clases soñando con un mejor futuro:
“La UIS nos hizo grandes donaciones, nos dieron escritorios, sillas, cosas de laboratorio y algunos libros. Esto fue muy importante porque algunos salones no tenían como las cosas suficientes para que los estudiantes se sentaran. Había pupitres incompletos, otros les tocaban en mesas que no compasaban con el orden que llevaba el salón. En el laboratorio regalaron muchas cosas. En clases de química y eso no podíamos hacer nada en el laboratorio ya que no estaba completo. En la biblioteca nos donaron libros para que los estudiantes pudieran leer, aprendan a tener una lectura más fluyente para cualquier exposición o algo”.
Las palabras del joven dejan ver una realidad silenciosa: la dificultad de aprender cuando faltan las herramientas más básicas. Sin embargo, en medio de las limitaciones, también permanece intacta la ilusión de seguir estudiando. Para el rector Gerardo Díaz, esta donación representa años de insistencia y puertas tocadas buscando ayuda para la institución.
“Para la institución educativa El Guamo hoy es un motivo de mucha alegría que la Universidad Industrial de Santander nos haya donado una gran cantidad de muebles, exactamente dos camionados, ya que hemos tocado puertas con la Administración Municipal, con la Gobernación de Santander. Yo le decía a la ingeniera, más de una resma de papel me he gastado oficiando y nada. Y conté con la de buenas que la Universidad Industrial de Santander, la ingeniera Luz Marina y el señor rector nos tuvieron en cuenta y fue así, volando. Y gracias a ellos tenemos hoy una cantidad de muebles que estábamos necesitando”.
El rector habla mientras observa cómo los nuevos pupitres empiezan a ocupar los salones de clase. La emoción no se queda solamente en lo material; también hay gratitud hacia una universidad pública que decidió llegar hasta un lugar donde pocas veces llegan este tipo de ayudas.
“A nombre de la comunidad, padres de familia, estudiantes, a nombre de mis profesores y del mío propio, Gerardo Díaz, le quiero extender un agradecimiento muy grande a la Universidad Industrial de Santander, solo me resta eso, muchas gracias”.
Los padres de familia también sienten que esta entrega puede marcar una diferencia en la manera en que los niños ven la escuela y sus estudios. Kareli Díaz Mora lo expresa desde la sencillez de quien sabe lo mucho que hacía falta.
“Me pareció muy importante, muy interesante, porque ayuda a los niños a incentivarse con las actividades que realizaron y con todos los instrumentos, chévere, porque aquí hacían falta, se necesitaban para que los niños tengan más con qué realizar sus tareas y ayuda a que los niños se incentiven más por los estudios, por ellos”.
La jornada no solamente estuvo llena de entrega de mobiliario, la comunidad de El Guamo también abrió sus puertas con un acto cargado de cultura, música y tradición durante la celebración del Día de la Santandereanidad. Entre bailes típicos, sonrisas y el orgullo campesino que caracteriza a esta tierra santandereana, estudiantes, profesores y familias recibieron a la UIS como se recibe a quienes llegan desde el corazón.
Y la Universidad también llevó alegría. El Grupo de Danzas llenó de color la institución, el deporte reunió a los niños alrededor del juego y la música acompañó una jornada que por momentos se convirtió en fiesta. Para los más pequeños, los kits escolares se convirtieron en uno de los regalos más especiales del día: cuadernos, útiles y materiales que representan mucho más que objetos; representan ganas de volver al salón, de aprender y de seguir soñando.
Quizá eso fue lo más valioso que dejó la UIS en esta vereda santandereana: no solamente muebles, pupitres, libros o implementos de laboratorio, sino la sensación de que alguien decidió mirar hacia donde pocas veces miran. Porque después de siete horas de camino, entre polvo, montañas y calor, también habita un país que sueña, aprende y espera oportunidades.