
Regresar a la Universidad Industrial de Santander fue, para la magistrada Lily Rueda, mucho más que una visita académica. Fue volver a sus raíces, a la institución donde nació su vocación por la justicia social y su compromiso con el país.
Egresada del programa de Derecho de la UIS, promoción 2006, hoy se desempeña como magistrada titular de la Sala de Reconocimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y lidera uno de los casos más sensibles en la historia reciente de Colombia: el Caso 07 sobre reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado.
Su presencia en la universidad, como parte del convenio con la JEP y la socialización del Caso 07, fue un momento de reflexión profunda sobre la magnitud de un fenómeno que, como ella misma lo expresa, “afecta a la población más vulnerable del país: la niñez rural”.

“Es un fenómeno macrocriminal de una magnitud enorme. Estamos hablando de la niñez rural, de una población altamente vulnerable y desprotegida, que fue instrumentalizada en medio del conflicto armado. Muchos fueron víctimas de engaños, otros fueron forzados, y algunos incluso creyeron que estaban luchando por un país mejor. Pero el resultado siempre fue el mismo: la pérdida de su niñez”, explicó con tono sereno pero firme.
Según la magistrada, la JEP ha documentado 18.677 casos de niños y niñas reclutados entre 1971 y 2016 por las antiguas FARC-EP. La investigación, que ella lidera, busca establecer la verdad, promover la reparación y garantizar la no repetición.
Una justicia que escucha y repara
El Caso 07 ha permitido identificar a los máximos responsables de estos crímenes y abrir un espacio de justicia restaurativa donde las víctimas tienen voz.
“Nuestro objetivo es que las víctimas participen, que sus voces sean escuchadas. Lo que hacemos no es solo castigar, sino reconstruir el tejido social que se rompió. Buscamos que las heridas de la guerra empiecen, poco a poco, a cerrar.”
En ese camino, la magistrada Rueda y su equipo han escuchado los testimonios de mujeres reclutadas siendo niñas, madres que aún buscan a sus hijos desaparecidos, pueblos indígenas afectados colectivamente y personas LGBTIQ+ que sufrieron violencias dentro de las filas guerrilleras.
“Cada testimonio es un espejo del país. Nos cuentan el antes, el durante y el después. Escuchar a una madre hablar de su hijo desaparecido, o a una mujer que fue reclutada cuando tenía 12 años, te cambia la vida. Y ahí entiendes que la justicia no puede ser solo jurídica: tiene que ser también humana.”
En las más recientes imputaciones, la JEP ha incorporado capítulos que visibilizan patrones de violencia motivados por el género y las afectaciones colectivas a comunidades étnicas, ampliando la comprensión de las múltiples formas en que la guerra marcó a la infancia colombiana.
La educación como antídoto al reclutamiento
Para la magistrada Rueda, el acceso a la educación es clave para prevenir que estas tragedias se repitan: “muchas de las víctimas nos cuentan que no había escuelas en sus territorios, que la ausencia del Estado y la falta de oportunidades los dejó expuestos. Donde hay educación, hay esperanza; donde hay abandono, hay riesgo.”
Por eso, destacó el papel que cumplen las universidades públicas en la construcción de memoria y en la formación de ciudadanos conscientes.
“La academia debe ser un escenario de memoria. Que las universidades y los colegios hablen de estos temas, que los estudiantes comprendan cómo se dieron estas violencias y cómo prevenir que se repitan. Ese es el mejor homenaje a las víctimas.”
Una egresada con el corazón UIS
Hablar de su paso por la UIS le despierta una emoción visible. “Estudiar en una universidad pública te da una sensibilidad particular. La UIS me enseñó a mirar el país con empatía, a entender las realidades sociales y a no olvidar nunca que detrás de cada caso hay seres humanos, hay historias y hay dolor.”
Rueda asegura que la universidad no solo le dio una formación jurídica sólida, sino una forma de entender la justicia desde el servicio y la humanidad.
“Volver a la UIS me llega al corazón. Aquí aprendí lo que significa servir. Esta universidad no solo me dio una profesión, me dio una forma de mirar el mundo, de poner la justicia al servicio de la vida y de la dignidad humana.”
Hoy, su trabajo en la JEP encarna los valores que la UIS promueve: compromiso, sensibilidad social y excelencia con sentido humano.
En la historia de Lily Rueda se entrelazan la de una abogada santandereana que soñó con cambiar su país y la de una magistrada que hoy lucha por devolver la voz y la dignidad a miles de niños y niñas que la guerra intentó silenciar.
