Icono de atajos

La cromatografía cualitativa, motor de la regeneración en la caficultura colombiana

Tulio Esteban Lozano Vesga

Colombia, reconocido como el mayor productor mundial de café suave y el tercer productor de café a nivel global, enfrenta el desafío de mantener la productividad de sus cultivos sin comprometer la salud de los suelos. En ese escenario, la cromatografía cualitativa emerge como una herramienta innovadora que permite evaluar la vida biológica del terreno y avanzar hacia modelos de agricultura regenerativa más sostenibles.

Con el propósito de fortalecer modelos de producción más sostenibles, el profesor Tulio Esteban Lozano Vesga, docente del Instituto de Proyección Regional y Educación a Distancia (IPRED – UIS) y egresado del programa de Producción Agroindustrial de la UIS, impulsa el uso de la cromatografía cualitativa, una metodología que permite evaluar la actividad biológica del suelo, la presencia de materia orgánica y el equilibrio de los ecosistemas productivos.

Según explica el experto, la técnica permite conocer la salud biológica de los suelos, fortalecer la sostenibilidad de los cultivos y mejorar la calidad del café desde la raíz hasta la taza.

“Básicamente, la cromatografía funciona como una fotografía o una radiografía del suelo. Más que entregar números o resultados difíciles de interpretar, ayuda a observar cómo está funcionando la vida dentro del suelo: si existe buena oxigenación, presencia de minerales, materia orgánica activa y, sobre todo, actividad microbiológica”, dice Lozano Vesga.

Esto se logra mediante una mezcla previa del suelo con algunos reactivos y la sensibilización del papel con otras soluciones especiales. Con la cromatografía se puede identificar si el suelo se encuentra equilibrado y regenerándose o, por el contrario, si está agotado, compactado o degradándose por malas prácticas agrícolas.

“Esta microbiología, esos pequeños microorganismos presentes en el suelo, son los que realmente le dan vida, equilibrio y armonía. Gracias a ellos, los nutrientes pueden transformarse y quedar disponibles para las plantas”, explica el investigador.

Más allá de su función productiva, la técnica permite comprender que el suelo es un ecosistema vivo cuya salud determina la sostenibilidad de toda la actividad agrícola.

Análisis rápido

A través de la técnica de cromatografía, el productor podrá observar de manera rápida y visual si las prácticas que está realizando están regenerando el suelo o si lo están degradando.

“Por medio de los cromas, el caficultor puede identificar señales de equilibrio, o detectar problemas relacionados con compactación, pérdida de materia orgánica, baja actividad microbiológica o exceso de productos de síntesis química”, afirma Lozano Vesga.

La información obtenida facilita la toma de decisiones sobre el manejo agronómico de los cultivos, orientando estrategias como el fortalecimiento de los abonos orgánicos, la implementación de coberturas vegetales y la reducción del uso de insumos químicos.

“Muchas veces el suelo parece estar bien desde afuera, pero el cromatograma revela desequilibrios internos que todavía no son visibles en el cultivo”, destaca el profesor UIS.

“Del suelo a la taza”

Actualmente, cuenta el profesor UIS, viene desarrollando “Del suelo a la taza”, un proyecto que se ejecuta en una hacienda cafetera orgánica de Santander donde se están realizando análisis cromatográficos del abono, suelo, foliares, pulpa, café verde y café tostado. El objetivo es construir una trazabilidad biológica y regenerativa del café, mostrando cómo la salud del suelo influye directamente en la calidad final de la taza.

La cromatografía se convierte no solamente en una herramienta de diagnóstico, sino también en una trazabilidad que permite evidenciar el trabajo realizado en la finca y demostrar prácticas sostenibles y regenerativas.

Explica que la técnica permite conocer la salud biológica de los suelos, fortalecer la sostenibilidad de los cultivos y mejorar la calidad del café desde la raíz hasta la taza.

“La caficultura colombiana avanza hacia modelos de producción más sostenibles gracias a herramientas que permiten comprender de manera integral la salud de los suelos. Entre ellas se destaca la cromatografía cualitativa, una metodología que gana terreno en procesos de agricultura regenerativa al ofrecer una visión detallada de la actividad biológica, la materia orgánica y el equilibrio de los ecosistemas productivos”, afirma Lozano Vesga.

Más que un análisis de laboratorio convencional, esta técnica funciona como una “radiografía viva” del suelo. Además, por medio de patrones y colores plasmados en papel filtro, los productores pueden interpretar el estado de salud de sus cultivos y tomar decisiones fundamentadas para mejorar la productividad y la sostenibilidad de las fincas.

“Especialistas en agroecología señalan que la cromatografía cualitativa complementa los análisis químicos tradicionales. Mientras estos determinan la cantidad de nutrientes presentes en el suelo, la cromatografía permite conocer cómo interactúan esos elementos con la materia orgánica y los microorganismos responsables de la fertilidad natural”, asevera el profesor UIS.

Entre sus principales ventajas, dice, se encuentran el bajo costo de implementación, la posibilidad de realizar monitoreos frecuentes sin depender de laboratorios externos y su valor pedagógico para agricultores, estudiantes y comunidades rurales. Asimismo, facilita la detección temprana de problemas como compactación, pérdida de biodiversidad microbiana o efectos derivados del uso excesivo de agroquímicos.

Radiografía del suelo con los cromatrogramas
Infografía realizada con Inteligencia Artificial.

El muestreo

Investigaciones y proyectos desarrollados en regiones cafeteras han demostrado que la salud biológica del terreno influye directamente en la calidad del café. Un suelo con alta actividad microbiológica favorece el desarrollo radicular de las plantas, mejora la absorción de nutrientes y contribuye a la formación de compuestos que determinan el aroma, sabor y calidad de la bebida.

Con esta tecnología se implementa una metodología que requiere un riguroso proceso de muestreo, secado, molienda y preparación de reactivos. Posteriormente, la muestra es sometida a una serie de reacciones químicas que generan un cromatograma, imagen que refleja la interacción entre minerales, materia orgánica y actividad microbiológica.

Lozano Vesga explica que la interpretación de estos resultados se realiza mediante el análisis de diferentes zonas concéntricas.

Por una parte, los colores amarillos, dorados, anaranjados y cafés claros se asocian con sistemas equilibrados y saludables, mientras que tonalidades grises, violetas, azuladas o negras indican procesos de degradación, compactación o desequilibrios biológicos.

Esta herramienta tiene beneficios cuando trascienden el diagnóstico del suelo. “Expertos consideran que la expansión de esta metodología representa un paso importante hacia una caficultura con mayor trazabilidad biológica. Además de reducir la dependencia de insumos externos, fortalece la autonomía de los productores y promueve una gestión basada en el conocimiento de los procesos vivos que ocurren bajo la superficie”, dice Lozano Vesga.

De esta manera, la cromatografía cualitativa se consolida como una herramienta estratégica para el futuro del café colombiano, al contribuir a la conservación de los suelos, la sostenibilidad de los sistemas productivos y el mantenimiento de los estándares de calidad que distinguen al grano nacional en los mercados internacionales.

Calidad del café

Para el profesor UIS, la calidad del café comienza desde el suelo. Además, asevera que, si en el suelo existe salud, vida, equilibrio y armonía, eso mismo termina reflejándose en la planta, en el fruto y finalmente en la taza de café.

“Pero si el suelo está degradado, compactado o desequilibrado, ese impacto también termina apareciendo en la calidad del cultivo y en la sostenibilidad del sistema productivo”, agrega.

Y es que la salud del suelo influye directamente en la nutrición del cafeto, en el desarrollo del árbol, en la calidad física del fruto y en las características sensoriales de la taza.

“En proyectos como “Del suelo a la taza”, desarrollados actualmente en una hacienda cafetera orgánica de Santander, la cromatografía ha permitido mejorar primero la calidad de los abonos orgánicos. Al mejorar los abonos, mejora el suelo; al mejorar el suelo, mejora el árbol; y al mejorar el árbol, mejora el fruto y la calidad final del café”, explica.

Además, la cromatografía está permitiendo construir procesos de trazabilidad que muestran no solamente la calidad de la taza, sino también todo lo que existe detrás del café, el manejo del suelo, el impacto ambiental, las prácticas regenerativas y el trabajo responsable realizado por los productores.

Hoy muchos mercados internacionales no solo buscan cafés con buena taza, sino cafés que demuestren sostenibilidad, equilibrio biológico y responsabilidad ambiental. En ese contexto, la cromatografía puede convertirse en una herramienta muy valiosa para evidenciar esos procesos dentro de las fincas cafeteras.