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Vive el patrimonio UIS: Aula Máxima de Ingeniería Mecánica, una joya arquitectónica

Imagen del Aula Máxima de Ingeniería Mecánica en la actualidad.

Ubicada en el corazón del campus central de la Universidad Industrial de Santander (UIS), el Aula Máxima de la Escuela de Ingeniería Mecánica denominada Luis Eduardo Lobo Carvajalino, es más que un espacio académico: es un ícono arquitectónico que ha marcado la historia urbana y cultural de Bucaramanga desde 1959. Diseñada por el arquitecto Mario Pilonieta y cálculos del ingeniero Herbert Ariza, esta construcción se impone por la audacia de su forma y su visión futurista. Su cubierta es un paraboloide hiperbólico de doble curvatura construida como una delgada cáscara de concreto armado, autoportante y sostenida apenas por una estructura metálica interna. Se trata de una cubierta que, con apenas 20 centímetros de espesor, cubre luces de hasta 18 metros, logrando una solución técnica asombrosa para su época.

“La cubierta del Aula Máxima es un ejemplo de innovación temprana en sostenibilidad”, explica el arquitecto Alejandro Ordóñez Ortiz, profesor de la Universidad Santo Tomás. “Pilonieta, influenciado por el trabajo del mexicano Félix Candela y por las enseñanzas de su maestro Fernando Martínez Sanabria, entendió que era posible construir espacios amplios con un uso mínimo de materiales. Esa visión es completamente coherente con los principios contemporáneos de eficiencia energética”.

Eso es una gran innovación, porque por una parte es construir una gran área con muy poco material y, de hecho, eso hace pensar que “en el año 1959 Mario Pilonieta estaba pensando en lo que todo el mundo habla de sostenibilidad y de ahorros energéticos, pues esa cubierta así lo demuestra en la medida que reduce el insumo de materiales casi que a mínimos”, indicó el arquitecto Alejandro Ordóñez.

El ahorro energético también estaba representado por la sustitución de aire acondicionado y ventiladores eléctricos por ventilación natural. “Lo nuevo también fue la ventilación compuesta por unas superficies en forma de C y colocadas en los dos sentidos de modo que el aire entraba por unos espacios. Estos verticales son huecos; por ahí entraba el aire. Yo ideé eso para que no entrara la luz, pero sí el aire; era fresquito”, recordaba Mario Pilonieta.

Entre arte, ciencia y memoria

Más allá de lo técnico, el Aula Máxima Luis Eduardo Lobo Carvajalino representa una fusión entre lo racional y lo orgánico. La parte de las aulas del edificio es sobria, geométrica, funcional; el Aula Máxima, en contraste, introduce formas suaves, curvas, casi táctiles, que evocan una sensibilidad más humana. Esa dualidad, explica Ordóñez, convierte el conjunto en una obra de arte arquitectónica: unidad en la diversidad.

“…este es un corazón palpitante de la Universidad donde la arquitectura moderna tiene dos elementos importantísimos: uno en el canon de lo funcional, racionalista-funcionalista, y otro de un racionalismo organicista que nos recuerda esa línea mexicana de Félix Candela que ya había experimentado en el Pabellón de los Rayos Cósmicos un paraboloide hiperbólico…que Pilonieta se atreve a experimentar, y con buena asesoría ingenieril a punta de tablitas de formaleta de tolúa mandada a hacer, logró darle una tesitura que hoy en día hace que ese volumen correcto y sabiamente dispuesto bajo la luz del Sol, a cada hora del día nos esté cambiando su capacidad expresiva”, explicó el arquitecto Otto Cala, miembro de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, regional Santander y profesor universitario.

Imagen vespertina del Aula Máxima con iluminación propia

Mario Pilonieta ya había contestado a la pregunta de ¿cómo la hicieron’, ¿cómo la fundieron?: “Pues a base de líneas rectas. Lo costoso en esa construcción es la formaleta, porque es una cáscara de 7 cm de espesor. El resto de apoyos eran casi que innecesarios porque tenía cuatro puntos en su portada”.

Por todo ello, este edificio fue declarado Patrimonio Arquitectónico Nacional, con el más alto nivel de conservación. Su reconocimiento no solo se debe a su singular diseño, sino también a la memoria colectiva que guarda: generaciones de estudiantes han pasado por allí, han presenciado clases, conferencias y eventos, y han convertido este espacio en parte fundamental de la identidad de la UIS.

Renovación con respeto

En 2018, la universidad emprendió una cuidadosa restauración arquitectónica del Aula Máxima, liderada por el rector, Hernán Porras Díaz, bajo la supervisión del mismo arquitecto diseñador Mario Pilonieta. Esta restauración fue complementada con la modernización de su interior, la actualización de los sistemas de sonido, video y conectividad, y renovación del mobiliario para garantizar condiciones óptimas de confort y funcionalidad, sin alterar su esencia arquitectónica. Tiene una capacidad de 192 sillas, seis de las cuales son para personas con discapacidad

Legado vivo de la arquitectura moderna

El Aula Máxima es también un ejemplo brillante de la arquitectura moderna en Colombia. Sus formas dialogan con los principios del estilo internacional —difundido en Europa y Estados Unidos—, pero reinterpretados para el contexto santandereano: ventilación cruzada, protección solar, orientación climática, integración con la vegetación.

“La arquitectura moderna encontró en estas formas orgánicas una nueva expresión”, señala Alejandro Ordóñez Ortiz. “El Aula Máxima recoge influencias de Wright, Niemeyer, Aalto y las convierte en algo propio. Es una obra que enseña cómo hacer arquitectura con identidad, sentido común y elegancia técnica”.

El Aula Máxima no solo sorprende por su forma, sino por su vigencia. Es un hito, un símbolo, un ejemplo de cómo la arquitectura puede ser arte, ciencia y memoria a la vez. Y como todo clásico, no envejece: se consolida.

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