
Santander ha sido históricamente reconocido como un territorio con una importante riqueza hídrica. Sus páramos, bosques altoandinos, humedales y una compleja red hidrográfica han sustentado durante décadas el desarrollo económico y social del departamento. En el contexto actual, sin embargo, garantizar la sostenibilidad de este recurso en el largo plazo se consolida como un desafío estratégico.
De acuerdo con el diagnóstico del proyecto Santander Visión Prospectiva 2050, liderado por la Universidad Industrial de Santander (UIS), el departamento enfrenta una serie de transformaciones asociadas al riesgo hídrico, climático y a la degradación ecológica, factores que inciden directamente en la gestión del territorio y en las condiciones futuras de desarrollo.
Estas dinámicas ya se reflejan en eventos como incendios forestales, variaciones en el abastecimiento de agua, inundaciones y procesos de inestabilidad del suelo en distintos municipios, lo que resalta la importancia de fortalecer la planificación y la gestión integral del recurso hídrico.
Un sistema en transformación
“El reto no es la ausencia de agua, sino la necesidad de conservar los sistemas que la sostienen”, explica el biólogo Juan Diego Ramírez. Desde su perspectiva, la degradación ecológica implica la afectación conjunta del suelo, el agua, el aire y la biodiversidad, componentes que funcionan de manera interdependiente.
Los ecosistemas estratégicos como páramos, bosques andinos y humedales cumplen funciones esenciales en la regulación hídrica: captan, filtran, almacenan y distribuyen el agua a lo largo del territorio. “Es una cadena que inicia en el páramo y se extiende hacia las zonas bajas. Mantener esa conectividad es fundamental para la sostenibilidad del recurso”, señala Ramírez.
Por su parte, el geólogo Edwin Mendoza destaca la relación histórica entre el agua y el desarrollo de las sociedades: “La gestión adecuada del recurso hídrico ha sido determinante para la sostenibilidad de los territorios y sus actividades productivas”.


Tendencias del territorio
El diagnóstico evidencia un aumento en la presión sobre el recurso hídrico en el departamento. En los últimos años, el volumen de agua concesionada ha crecido de manera significativa, en línea con el desarrollo urbano, agrícola e industrial.
A esto se suma la transformación del territorio: la sobreutilización del suelo supera actualmente más de la mitad del área departamental, y se han registrado procesos de pérdida de cobertura vegetal en distintas zonas. Estas dinámicas inciden en la capacidad de los ecosistemas para regular el agua y responder a las variaciones climáticas.
Asimismo, se han observado eventos recientes asociados a altas temperaturas, crecientes súbitas e inundaciones, lo que resalta la necesidad de fortalecer la resiliencia y la inteligencia territorial.
Relación entre ecosistemas y estabilidad del suelo
Uno de los aspectos clave identificados es la relación entre la cobertura vegetal y la estabilidad del territorio. De acuerdo con Edwin Mendoza, los ecosistemas cumplen una función reguladora al actuar como sistemas naturales de retención y liberación de agua.
“Los bosques permiten disminuir la erosión y regular los flujos hídricos, lo que contribuye a reducir la vulnerabilidad frente a eventos naturales”, explica.
Sin embargo, prácticas como la deforestación o el uso inadecuado del suelo pueden modificar estas dinámicas. En este contexto, el concepto de “suelo expuesto” adquiere relevancia, ya que incrementa la susceptibilidad a procesos de erosión y transporte de sedimentos, afectando tanto la calidad del agua como la estabilidad de las cuencas.



Un desafío con dimensión social e institucional
El análisis también evidencia que una parte importante de la población se encuentra en zonas con diferentes niveles de amenaza, lo que plantea retos en términos de ordenamiento territorial y gestión del riesgo.
En este sentido, la actualización de los Planes de Ordenamiento Territorial y el fortalecimiento de las capacidades institucionales se identifican como elementos fundamentales para una adecuada planificación.
“Contar con información actualizada sobre el territorio es clave para orientar decisiones que protejan a las comunidades y optimicen el uso del suelo”, señala Mendoza.
Hacia una gestión integral del agua
Frente a este panorama, el proyecto Santander Visión Prospectiva 2050 plantea la necesidad de avanzar hacia modelos de gobernanza del agua más articulados y participativos, que involucren tanto a las instituciones como a las comunidades.
Entre las alternativas identificadas se encuentran el fortalecimiento de prácticas sostenibles en el uso del suelo, el impulso de la agroforestería, la bioeconomía y el turismo responsable, así como la promoción de una cultura de corresponsabilidad en el manejo de los recursos naturales.



Una condición para el desarrollo futuro
El riesgo hídrico, climático y la degradación ecológica constituyen una de las ocho problemáticas estructurales identificadas en el diagnóstico del proyecto. Su carácter transversal la convierte en una condición fundamental para el desarrollo territorial hacia 2050.
En este contexto, la gestión sostenible del agua no solo es un desafío ambiental, sino un eje estratégico para la competitividad, la calidad de vida y la sostenibilidad del departamento. El proceso de diagnóstico aporta así una base técnica para orientar la toma de decisiones y fortalecer la construcción de un modelo de desarrollo más equilibrado y resiliente para Santander.