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Investigadores del Herbario UIS lideran pionera investigación etnobotánica en el nororiente colombiano

Fotografía investigadores herbario UIS
En el Herbario UIS, de izquierda a derecha: profesor Felipe Castaño, estudiante de biología Cristian Díaz, estudiante de maestría en biología Juliana Duarte, profesor David Sanín, y los estudiantes de biología Nery Sarmiento y Juan Romero.

La Universidad Industrial de Santander (UIS) avanza a la vanguardia del conocimiento etnobotánico en el nororiente del país, una región donde esta disciplina ha sido escasamente explorada. Investigadores del Herbario UIS, bajo la dirección del profesor Felipe Castaño, doctor en diversidad y adaptación de plantas y curador del Herbario, desarrollan estudios que buscan identificar las plantas útiles y comprender los patrones de uso entre comunidades campesinas, aportando al conocimiento científico y a la conservación de la biodiversidad.

Juliana Duarte, bióloga egresada de la UIS y actual estudiante de la Maestría en Biología, lidera estas investigaciones, en las que ha identificado cómo el grado de aislamiento de una comunidad influye directamente en la diversidad y frecuencia del uso de plantas. “Descubrimos que, entre más alejada esté una comunidad de un centro urbano, mayor es su conocimiento y uso de las plantas. Muchas de estas especies, además, están hoy en riesgo de conservación”, explica Duarte.

El trabajo de Juliana comenzó con su tesis de pregrado titulada “Plantas útiles del valle del río Cimitarra”, realizada en alianza con la Asociación de Campesinos del Valle del Río Cimitarra (ACVC), una organización comprometida con la defensa del territorio y el medio ambiente. Esta primera aproximación permitió establecer un vínculo estrecho con el conocimiento ancestral campesino.

Actualmente, y como parte de una expedición científica liderada por la Vicerrectoría de Investigación y Extensión (VIE), Juliana desarrolla su tesis de maestría: “Plantas útiles de los mercados de Bucaramanga, en el departamento de Santander”. Esta investigación compara los usos de plantas en diferentes localidades con distintos grados de conexión con centros urbanos: San Pablo (vereda del municipio de Contratación), El Guacamayo, Contratación y Bucaramanga. “Son contextos distintos en número de habitantes, distancia a centros urbanos, tamaño y redes de intercambio entre comunidades campesinas”, señala Duarte.

Con esta apuesta por la etnobotánica, la UIS no solo fortalece su papel como generadora de conocimiento, sino que también contribuye a la valoración de saberes tradicionales y al desarrollo de estrategias para la conservación de especies vegetales fundamentales para las comunidades rurales.

La investigación implica visitar casas y fincas campesinas y recorrer zonas rurales, como las de esta fotografía.

Una de las primeras amenazas que tiene el conocimiento etnobotánico es que las personas ya no pueden acceder a ciertas plantas como anteriormente lo hacían, porque la biodiversidad está bajo amenaza. Primero, porque la distancia entre las personas y los recursos biológicos, el bosque, está más lejos de ellos debido a la deforestación, al cambio de las coberturas boscosas por cultivos, pastizales o ganadería. Igualmente, fenómenos como la violencia o la guerra se convierten en barreras para el acceso a esos recursos. Por ello, ese conocimiento se va perdiendo y no se transmite de una generación a la otra.

Plantas útiles del valle del río Cimitarra

El papel de la etnobotánica es, primero, recopilar el conocimiento sobre la utilidad de las plantas; segundo, a través de un espécimen en el Herbario preservar una parte de las plantas citadas como útiles por las personas y que junto a sus datos y su localidad sirvan como evidencia y certeza de que alguna vez esa especie se usó para algo específico; y tercero, estimular las redes de conocimiento entre las personas. El hecho de que los investigadores consideren valioso “que vayamos a sus hogares a decirles que nos enseñen, genera un cambio en la mentalidad, en la importancia de intercambiar ese conocimiento, lo que estimula a que ellas hablen sobre las plantas”, dice Juliana Duarte.

Anteriormente, se creía que la etnobotánica solo se trabaja con comunidades indígenas, pero “las comunidades campesinas también tienen un conocimiento importante sobre la utilidad de las plantas hasta el punto de saber sanarse, alimentarse y construir sus viviendas a través de las plantas”, señala Juliana.

El trabajo de campo

El grupo realizó una investigación participativa en las comunidades sobre el uso de las plantas. Los contactos se hacen previamente con la Junta de Acción Comunal o con las alcaldías, y a través de ellas con las personas. “Nosotros llegamos como la Universidad, normalmente con proyectos de la Vicerrectoría de Investigación y Extensión, afiliados como investigadores. Luego se decide la logística, el alojamiento, cuáles fincas se van a visitar y a partir de esto cada equipo se separa y hace su trabajo, en sus jornadas diarias. Como guía durante toda la expedición se contrata a un miembro de la comunidad con alto conocimiento sobre las plantas”, precisó Juliana.

Luego se programan las visitas y se realizan entrevistas semiestructuradas, con preguntas específicas sobre cuáles plantas utilizan para las diferentes categorías de uso. Son unas 10 categorías, además de alimentación, construcción y medicina, más utensilios y herramientas, usos ambientales (como las usadas para cercos) o las ornamentales, entre otras. De cada categoría se pregunta cuál planta utiliza para un uso específico. También hay unas subcategorías, especialmente en las plantas medicinales, dependiendo del sistema donde se apliquen: sistema digestivo, urinario, musculoesquelético, piel y tejido, etcétera. Ellos van recordando cuáles plantas han utilizado o para qué afección y evocan experiencias nido en sus vidas. Por ejemplo, una relación con algún familiar, con su abuela, con su madre o su padre, casi siempre con plantas medicinales.

La investigadora, en una faena durante la colecta y guardado de las muestras.
El almacenamiento de la muestra botánica comienza con la colecta y registro, guardando técnicamente ramas, hojas flores o frutos mientras se llevan al Herbario.

Un caso es el de una señora que recuerda que su abuela le puso una cataplasma de altamisa, una planta muy común en casi todo el departamento, de nombre científico Ambrosia peruviana, de la familia Asterácea. También se vende en las plazas de mercado de Bucaramanga. Es una planta nativa de Colombia muy utilizada para aliviar dolores en el sistema musculoesquelético, en las articulaciones, golpes y también para dolencias del aparato reproductor femenino, como los cólicos. Esta es una de las plantas que tuvo más renombre en esta comunidad y que las personas relacionan con sus familiares.

La expedición

La expedición a El Guacamayo, Contratación y San Pablo duró 15 días. En San Pablo participaron 8 personas en las entrevistas, en El Guacamayo 12 y en Contratación 20. A estas expediciones viaja una persona por cada especialidad en biología; en esta, fueron casi 20 personas entre estudiantes, profesores y profesionales de las áreas de estudio de los peces, insectos, aves y mamíferos, además de botánica, y se realizó a finales de abril y principios de mayo de 2024. La divulgación de los hallazgos a la comunidad se hizo con talleres participativos y exposiciones en noviembre pasado.

“Parte de mi trabajo es buscar plantas que se venden en las plazas de mercado, y las que encontré en El Guacamayo y en Contratación coinciden en su mayoría con lo que se vende aquí en Bucaramanga”, comenta Juliana Duarte.

Este es un trabajo arduo: “las entrevistas, recolección de especímenes, traerlos, herborizarlos, ver dónde aparecen, preguntamos de dónde las sacan, dónde las consiguen, quién se las vende, cómo las compran. Así vamos encontrando muchas relaciones que tienen las personas con las plantas, profundas y emocionales y muy arraigadas. Y, a la vez, que la mejor forma y la única de transmitir ese conocimiento es a través de las relaciones interpersonales, no solo entre familiares, sino también entre las personas que cohabitan en el municipio: la vecina, la amiga, la tía de mi amiga, el familiar. Esa relación emocional refuerza el conocimiento de las plantas y es la forma de transmitirlo”.

A través de esto, se convierte la ciencia en algo que la gente puede tocar, como traer la especie, mantenerla y organizarla en el herbario taxonómicamente, y guardarla por muchos años.

Cómo se preservan las plantas

Hay plantas que ya casi tienen 50 años guardadas en la colección del Herbario de la UIS. Estas se mantienen organizadas taxonómicamente, de manera científica, por familia en orden alfabético, por género en orden alfabético, y cada especie se conserva dentro de una carpeta, etiquetada, con nombres científicos, nombres comunes y otros datos, como la localidad o lugar donde se colectó la especie, más una breve descripción. Cada especie tiene características morfológicas, una clasificación y un desarrollo distintos, ciencia que llega a las personas a través de la utilidad de las plantas.

Almacenar una muestra botánica incluye una rama, con hojas, flores o frutos porque la planta debe estar fértil o tener sus estructuras reproductivas para poder dar certeza de la especie a la que corresponde, porque con las hojas no es suficiente.

“La toma de la muestra la hacemos en el campo, cortamos una rama del árbol que tenga flores y frutos, las aplanamos dentro de un periódico, las apilamos una sobre otra y las fijamos con alcohol; cerramos el paquete y el alcohol nos permite que las plantas nos duren hasta el final de la expedición. Luego las traemos, las secamos, y quedan lo más planas posible, porque se pegan sobre una cartulina junto a la etiqueta que lleva sus datos”.

También tenemos registro fotográfico de las plantas vivas. Normalmente, la colección de un espécimen se registra con una fotografía porque se pueden tener detalles de cosas que se pierden durante el proceso de secado, de alcoholizado, por ejemplo, el interior de las flores, los colores; algunos detalles se pierden, pero permanecen en la fotografía.

Juliana Duarte, técnica y bióloga del Herbario, es estudiante de Maestría en Biología.
Juliana Duarte es no solo técnica, sino bióloga del Herbario y adelanta su trabajo de investigación como estudiante de Maestría en Biología.

El Herbario de la UIS

47 años conociendo y conservando la flora del país

El Herbario de la Universidad Industrial de Santander fue fundado por Enrique Rentería en 1978, amparado en el proyecto Flora del Departamento de Santander. Está adscrito al Museo de Historia Natural y a la Escuela de Biología de la Universidad Industrial de Santander. Actualmente, cuenta con 23044 especímenes distribuidos en 242 familias, 1265 géneros y 3510 especies, de los cuales 52 son tipos, es decir, los especímenes a partir de los cuales se describieron especies.

Se considera muy importante el Herbario porque allí se guardan los especímenes que corresponden a las especies que habitan en un lugar y tiempo específicos. Además, tiene colecciones adjuntas: la carpoteca o colección de frutos; la colección micológica, que reúne cerca de 300 especies de hongos; colecciones de biófitos, de helechos, de flores, que se encuentran en la colección líquida, todas adjuntas al Museo de Historia Natural.

Toda la colección del Herbario se puede utilizar para futuras investigaciones de cualquier espécimen. Es una fuente de información muy grande y a través de ella se puede investigar lo que se quiera de la biología vegetal. De hecho, siempre hay al menos un trabajo de tesis de pregrado, posgrado o externa que requiere acudir al Herbario de la UIS para respaldar sus investigaciones.

En la página de la universidad se puede consultar más información sobre el Herbario UIS, en aspectos como los servicios, proyectos y enlaces que presta esta dependencia: