
Durante años, Denzel Fernando Acevedo Castro pensó que algunas cosas en él simplemente eran así. Que el ruido le incomodara. Que le costara relacionarse con otras personas. Que apretara los dedos sin darse cuenta cuando estaba nervioso. Que de niño tropezara al caminar. Que pudiera pasar horas frente a un computador y encontrara allí una forma más sencilla de conectarse con el mundo. No sabía que todas esas pequeñas piezas podían formar parte de una misma historia.
Denzel tiene 22 años. Nació en Bucaramanga, pero creció en Charalá, adonde llegó con su familia durante la infancia y donde permaneció hasta terminar el colegio. Allí aprendió, entre otras cosas, que ser diferente podía tener un precio.
Era un niño sensible. Lloraba con facilidad y tenía gustos que no siempre coincidían con los de sus compañeros. Mientras otros buscaban otras formas de diversión, él encontraba refugio en internet, en las caricaturas y, especialmente, en el dibujo digital. La computadora se convirtió poco a poco en una puerta hacia un mundo donde podía sentirse más cómodo.
En el colegio sufrió burlas. Tuvo pocos amigos y le costaba entender cómo relacionarse con los demás sin convertirse en blanco de comentarios. No sabía entonces que detrás de muchas de esas dificultades había una explicación que descubriría años después.
“Yo era buleado muchas veces. No tuve muchos amigos en el colegio”, recuerda.
El diagnóstico no llegó durante la infancia ni en la adolescencia. Llegó cuando ya estaba en la universidad.
Denzel estudió Licenciatura en Lenguas Extranjeras con énfasis en inglés en la Universidad Industrial de Santander. Durante los primeros semestres, su vida académica comenzó a tomar un rumbo distinto al que conocía. En el colegio había sido un estudiante acostumbrado a obtener buenos resultados. En la universidad empezó a perder exámenes, incluso después de estudiar.
A mitad de la carrera comenzó a preguntarse qué estaba ocurriendo. Fue entonces cuando, mientras preparaba con unos compañeros una exposición sobre neurodivergencia, algo hizo clic. A medida que investigaba, comenzó a reconocerse en algunas de las características que encontraba.
El ruido en lugares pequeños y concurridos. Las dificultades para concentrarse en determinados asuntos. Los movimientos repetitivos. La forma particular de relacionarse con otras personas.
También recordó aquel gesto que su madre le señalaba desde niño: apretarse los dedos constantemente. “Deja de hacer eso, pareces nervioso”, le decía. Denzel lo hacía de manera instintiva. Nunca desapareció del todo.
Entonces apareció una pregunta: ¿y si muchas de esas cosas tenían una explicación?
Primero se autoevaluó. Después comenzó a investigar. Buscó orientación en la universidad y, en medio de un momento especialmente difícil de su vida, decidió detenerse. Había llegado a un punto en el que necesitaba hacerlo.
Durante un semestre pausó sus estudios. Necesitaba descansar y, sobre todo, entenderse. En ese periodo comenzó a buscar respuestas sobre el autismo y las posibilidades de acompañamiento que tenía como estudiante.
El autismo, o Trastorno del Espectro Autista (TEA), es una condición del neurodesarrollo de origen genético que afecta la comunicación, la interacción social y la conducta a lo largo de toda la vida. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula una media de 1 de cada 127 personas.
Sin embargo, los expertos advierten que las capacidades y las necesidades de las personas con autismo varían y pueden evolucionar con el tiempo. Si bien algunas personas con autismo pueden vivir de manera independiente, otras padecen discapacidades graves y necesitan atención y apoyo a lo largo de toda su vida.

La búsqueda no fue sencilla.
Denzel cuenta que encontrar información sobre los programas de apoyo de la universidad era difícil. Había referencias a actividades relacionadas con el Día Internacional del Autismo, pero no encontraba fácilmente información sobre acompañamiento especializado.
Finalmente, después de regresar a la universidad, llegó al programa Somos Todos de Bienestar Estudiantil. Allí comenzó un camino con espacios de acompañamiento. Lo que encontró no fue una fórmula para “corregir” aquello que lo hacía diferente. Encontró herramientas para comprenderlo.
Aprendió, por ejemplo, que determinadas acciones podían ayudarlo a regular el estrés. Lanzar una pelota contra el piso y recogerla una y otra vez podía convertirse en una manera de canalizar lo que sentía. También encontró acompañamiento desde diferentes áreas, entre ellas psicología, psiquiatría y psicopedagogía. La experiencia, dice, llegó a sentirse casi personalizada.
Pero había algo más profundo que aprender técnicas: aprender a no sentirse equivocado.
Denzel explica que durante mucho tiempo creyó que debía comportarse como los demás para encajar. Sin embargo, el acompañamiento le permitió entender que no necesariamente se trataba de cambiar sus peculiaridades, sino de reconocerlas y aprender a llevarlas.
Somos Todos
Uno de los propósitos del programa Somos Todos es garantizar que todos los estudiantes tengan condiciones que favorezcan su acceso, permanencia y graduación, iniciativa de Educación Inclusiva de Bienestar Estudiantil de la Universidad Industrial de Santander (UIS), que brinda acompañamiento a poblaciones de especial protección desde un enfoque diferencial.
Desde un enfoque diferencial, el programa acompaña a poblaciones de especial protección y desarrolla acciones orientadas a identificar y disminuir las barreras que pueden afectar la trayectoria académica de los estudiantes. Su trabajo se articula con la Vicerrectoría Académica y las diferentes unidades académico-administrativas de la Universidad, con una mirada integral que reconoce al estudiante desde su contexto personal, social y académico.
Más que brindar una atención puntual, Somos Todos busca acercarse a las realidades de cada estudiante, identificar sus necesidades y generar estrategias que contribuyan a garantizar el goce efectivo de sus derechos y, con ello, favorecer su bienestar, permanencia y graduación.
La atención comienza con una caracterización psicosocial, que contempla la valoración médica integral de ingreso y el seguimiento individualizado, de acuerdo con las necesidades identificadas. Para ello, el programa cuenta con profesionales de Trabajo Social, Psicología, Psicopedagogía y Psiquiatría, quienes orientan cada caso según sus particularidades.
A este proceso se suma la caracterización pedagógica, mediante la cual se identifican posibles barreras para el aprendizaje y la participación y se establecen los ajustes razonables que sean necesarios. También se contempla el diseño de los Planes Individuales de Ajustes Razonables (PIAR), como una ruta de apoyo que permite definir estrategias y realizar seguimiento en articulación con el Sistema de Excelencia Académica (SEA).
Este acompañamiento puede incluir apoyos en el aula, tutores, monitores, intérpretes de Lengua de Señas Colombiana (LSC), guías-intérpretes y otras herramientas, de acuerdo con las necesidades de cada estudiante.
El programa también cumple una función de articulación institucional. En este sentido, desarrolla acciones de sensibilización, orientación y socialización de la Política de Educación Inclusiva, además de mantener comunicación con las Direcciones de Escuela y gestionar, junto con las diferentes unidades académico-administrativas, beneficios institucionales como auxiliaturas y servicio de alimentación, entre otros.
Ese proceso también involucró a su familia.

En una de las sesiones, los profesionales le propusieron que llevara a su madre. La conversación permitió que ella comprendiera mejor algunos de los desafíos que su hijo había enfrentado durante años.
Para Denzel, ese momento fue importante porque el acompañamiento no se quedó únicamente en él. También ayudó a que las personas cercanas pudieran comprenderlo.
Hoy, ya graduado, el escenario es diferente. La universidad dejó de ser el espacio cotidiano y con ello también disminuyeron los acompañamientos que recibía como estudiante. Ahora le corresponde buscar por su cuenta los servicios que necesita. Y ahí aparece otra dificultad: el acceso.
Las consultas particulares tienen un costo que no siempre puede asumir. A través del sistema de salud, cuenta, ha encontrado profesionales con percepciones sobre el autismo que considera poco acertadas. Esa experiencia ha hecho más complejo continuar algunos procesos de atención. Sin embargo, Denzel no habla de su historia desde la derrota.
Dice que le habría gustado saberlo antes. Tal vez, piensa, habría entendido por qué lloraba tanto, por qué caminaba de determinada manera o por qué hacía movimientos que otros consideraban extraños. Tal vez habría podido evitar algunas inseguridades. Pero también sabe que conocer el diagnóstico no habría eliminado todos los desafíos.
Porque el problema, explica, no está solamente en aquello que una persona vive internamente, sino también en una sociedad que todavía está aprendiendo a comprender la neurodivergencia.
Durante años se preguntó por qué no encajaba. Incluso llegó a pensar que quizá era raro y que las burlas tenían alguna justificación. Con el tiempo aprendió otra cosa: que una peculiaridad no es necesariamente algo que deba corregirse.
“Cada persona tiene su peculiaridad”, dice. Algunas son más visibles que otras.
Denzel encontró una explicación para muchas de las preguntas que lo acompañaron desde niño. Encontró herramientas para manejar el ruido, el estrés, las relaciones y las situaciones que antes parecían difíciles de nombrar. Pero, sobre todo, encontró una palabra que le permitió mirar hacia atrás con otros ojos: autismo.
No como una respuesta que explique absolutamente todo, ni como una etiqueta que defina quién es, sino como una pieza de ese mapa personal que durante años intentó descifrar. Ahora sabe que no se trataba simplemente de ser “raro”. Se trataba de comprender una manera distinta de percibir, sentir y relacionarse con el mundo.
Y quizá por eso, cuando recuerda el acompañamiento que recibió en la universidad, Denzel rescata una enseñanza que va más allá de su propia historia: no siempre se trata de aprender a parecerse a los demás. A veces, se trata de aprender a reconocerse. Y de que quienes están alrededor también aprendan a hacerlo.