
El vínculo de Nicolás Cadavid con el arte nació desde muy pequeño. Creció entre enciclopedias de pintura y la historia del arte, gracias a que su padre, un vendedor de libros, siempre guardó aquellos ejemplares que marcaban la historia, y entre lienzos, por su madre, quien le regalaba acuarelas para que plasmara el arte que le nacía y celebraba sus primeros intentos.
En su inocencia y con pocos años, cuando solo exploraba sus hobbies, sabía quiénes eran Picasso, Van Gogh o Da Vinci. “Yo pintaba y decía que era Picasso”, recuerda con una media sonrisa.
Sin embargo, tomar un camino profesional por el arte inicialmente no fue una opción. Cuando finalizó sus estudios escolares decidió ingresar al programa Diseño Industrial en la Universidad Industrial de Santander, UIS, pero aquello no bastó, quería una carrera donde pudiera contar historias por medio de las imágenes, fue así como decidió iniciar Bellas Artes (Actualmente Artes Plásticas) en la misma institución. Al inicio, quizás no fue una decisión fácil, pero hoy tiene la certeza que fue la más sabía de su vida.
“Desde pequeño estuve asociado al arte, de como con las imágenes podía contar historias. Desde muy joven me han gustado las artes plásticas”, dice Nicolás.
Además, lleva el arte en las venas, pues su familia, tanto paterna como materna, tiene artistas. Su mamá tenía un almacén de cerámica, su abuelo materno fue pintor, y tiene primos poetas y músicos.

Arte del territorio
Se graduó en el 2005 y a lo largo de estas dos décadas ha logrado tener una gran trayectoria profesional exitosa. Su trabajo ha sido expuesto en Medellín, Cartagena, Bogotá, España, Asia, Guatemala, entre otros.
“Tuve la oportunidad de hacer residencias en España, en Kirguistán, un país de Asia Central, también en Guatemala, Argentina y Chile. He sido invitado a participar en exposiciones que se presentaron en Estados Unidos y Marruecos”, cuenta el artista bumangués.
Su último trabajo al que llamó Réquiem lo presentó en la Sala Macaregua de la Universidad Industrial de Santander, sede Bucarica. Fue una exposición que invitaba a la reflexión profunda sobre la memoria, la violencia y el paisaje colombiano.

Si bien la obra aborda la violencia política en Colombia a partir de tres masacres ocurridas en Santander durante las últimas décadas del siglo XX, Nicolás aclara que no le gusta relacionarlo con el conflicto armado, sino que piensa más en el territorio asociada al paisaje.
“Claro, ocurrieron hechos violentos, a mi juicio desencadenan una serie de posibilidades interpretativas sobre el paisaje, territorio, en forma de cicatrices. Desde hace mucho tiempo me interesa trabajar desde el paisaje que nos recuerda temas asociados al terror. A veces desde una perspectiva netamente natural, como volcanes, terremotos, otras veces como interviene el ser humano como es el caso de Réquiem”, relata el artista bumangués.
Este trabajo, que, si bien es el resultado de la Beca de Creación Artística para artistas con amplia trayectoria otorgada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, es una idea que lo persiguió desde hacía años. Sin embargo, no quería caer en la representación explícita de las masacres ni en la explotación del sufrimiento que en ocasiones domina las artes visuales, cuenta.

Acompañado de un amigo suyo, historiador de la UIS, cuyas investigaciones le ayudaron a comprender mejor el paisaje como testigo, exploró viajes a territorios que han cargado históricamente con el peso de la violencia: Barrancabermeja, Simacota, Cimitarra.
La creación de esta exposición tardó aproximadamente seis meses. Su refugio creativo fue un taller alquilado ubicado en Floridablanca. El resultado fue un éxito inigualable y de gran acogida para los visitantes a la exposición, quienes recorrieron la historia a través de piezas únicas.
Sabe que vivir del arte no es fácil y es una profesión que tiene sus temporadas, que es un ejercicio de resistencia, de triunfos que duran una temporada, pero pernotan para toda la vida.
“Los cambios ocurren porque uno es juicioso con lo que hace y está todo el tiempo buscando mejorar. Uno está mirando constantemente pues no solo qué es lo que está pasando en la escena del arte contemporáneo, sino también mirándose a uno mismo, tratando de entender qué es lo que uno tiene que hacer. Entonces, creo que es un ejercicio de autoconocimiento, de sincerarse mucho con uno, de no buscar agradar, ni insertarse en los temas que están de moda y ser fiel a uno mismo. Creo que la fidelidad a uno en estos casos es vital”, afirma Nicolás.
Disfruta su profesión, aunque sabe que no es sencillo, pues tras meses construyendo una exposición, es imposible sentir un vacío sobre cuál será el siguiente paso o buscar una nueva oportunidad.
“Con las artes plásticas uno puede hacer todo lo que se propone y materializar todo lo que uno se imagina. Eso me parece fantástico. Eso para mí es la magia de esta profesión. Todo puede empezar con un pequeño punto en una hoja, una palabra, una frase y luego eso se desarrolla y se convierte en una idea, en un concepto más concreto, que después se convierte en objeto o en imagen”, precisa.

Una formación marcada por la disciplina
Nicolás es egresado de Bellas Artes, programa académico que hoy se llama Artes Plásticas ofrecido por el IPRED-UIS. Además, cuenta con un magíster en Artes Visuales de la Universidad de Chile.
Asegura que la UIS lo formó con un rigor investigativo profesional en el hacer. “Ese ambiente de investigación y de rudeza académica me marcó un montón. Ser graduado de la UIS me ha puesto en una situación de exigencia propia, desde luego nadie en la Universidad me ha obligado a hacerlo, pero yo sí he sido consciente de ese peso de cargar con ese título, en el buen sentido”.
Artes Plástica del IPRED-UIS busca la formación de maestros en artes plásticas, con capacidades creativas para percibir de sus experiencias frente al mundo y las problemáticas sociales, elementos para transformar y devolver a la comunidad productos artísticos y proyectos que inviten a la experiencia estética y la reflexión. Además, ofrecer conocimientos y herramientas para quienes deseen participar en la construcción y desarrollo de proyectos artísticos y culturales, y estimula la investigación-producción en el campo del arte.

Crear en el día, pensar en la noche
Le gusta trabajar en el día, pues considera que con el sol crea con mayor facilidad; sin embargo, a la luz de la luna es cuando piensa en sus nuevas obras artísticas.
“En las noches es que aparecen muchas veces esas ideas, pueden ser de una conversación con alguien, por algo que veo en la calle, en una reunión en la cual estoy o viendo una película antes de dormirme; pero las mañanas me sirven para aterrizarlas”, cuenta.
Después de cada exposición sabe que debe relajar la mente y el cuerpo, para así poder retomar con nuevas ideas, entrenarse, muchas veces en la soledad de su taller, ubicado en Bogotá, donde reside hace cinco años.
“Pintando en pequeño formato o dibujando me ayuda a relajarme, también pensando mucho en lo que fue la exposición, las certezas que me deja y cómo puedo capitalizarlas en objetos, pues últimamente hago trabajos de grandes dimensiones, de gran formato y eso no se puede producir fácilmente porque se necesitan recursos, un equipo de trabajo o se necesita tiempo y eso en este momento no lo tengo”, reitera el egresado UIS, que en la soledad de su estudio trabaja con todo aquello que tenga a la mano. “En el arte, uno no puede quedarse quieto, es como el atleta, tiene que mover el cuerpo; el artista tiene que mover ese músculo de la creatividad constantemente”, dice.
Nicolás tiene un camino largo en el mundo del arte, por ahora planea como sorprenderá con nuevas muestras y cuál será el destino privilegiado con sus exposiciones.