
Considerado el máximo recinto cultural de la Universidad y uno de los más importantes de Santander, el auditorio Luis A. Calvo se ha convertido en un escenario habitual y muy familiar para los habitantes de Bucaramanga.
Este auditorio fue diseñado por los arquitectos Quijano y De Irisarri, un grupo de arquitectos bogotanos a finales de la década de los 70. La obra fue iniciada el 8 de mayo de 1978, construida por el arquitecto Manuel Enrique González Puyana y puesta al servicio el 7 de mayo de 1982 como auditorio múltiple, con un aforo de 989 sillas en dos niveles: platea 326 sillas y balcones 663 sillas.

En 1985 se hizo la reestructuración de la cubierta por el mismo arquitecto González Puyana, con interventoría de la División de Planta Física. Con el tiempo, esta edificación se ha vuelto icónica no solamente para la UIS, sino también para toda Bucaramanga en la medida en que es uno de los más grandes auditorios de la región. Pero también lo es por su ubicación a la entrada de la ciudad universitaria, y por su forma, completamente distinta de los edificios de la época e incluso de los actuales.

Así mismo, desde el punto de vista arquitectónico representa “una nueva manera en que los edificios de la UIS empezaron a expresarse. En un primer momento los edificios de la UIS eran muy blancos, con concreto en las persianas que protegen las ventanas. Y en un segundo momento aparece el ladrillo en el Luis A. Calvo, en el Mamitza Bayer, en el Camilo Torres”, señala el arquitecto y docente Alejandro Ordóñez Ortiz.


Y agrega: “Esa aparición del ladrillo a la vista tiene mucho que ver con un movimiento que estaba entrando también en Bogotá, con Fernando Martínez Sanabria y Rogelio Salmona, por ejemplo, en las Torres del Parque o la Casa Calderón, donde el ladrillo empieza a dar una humanización de esa Arquitectura Moderna como un material más táctil, más nuestro, más humano, que le otorga calidez a las obras arquitectónicas y que, digamos, se comunican de otra manera con los usuarios”, explica Ordóñez Ortiz.
La arquitectura del Luis A. Calvo también tiene matices de arquitecturas que se hicieron en otras partes del mundo y que influenciaron a arquitectos colombianos. Por ejemplo, en la obra de Luis A. Calvo vemos referencias a obras de Alvar Aalto, un arquitecto finlandés que usó el ladrillo de manera magistral, con volúmenes muy puros, y el Luis A. Calvo tiene esa referencia estética tanto al exterior, con el uso del ladrillo, como al interior, con el diseño adecuado y el uso estratégico de la madera para un manejo técnico del sonido, recalca Alejandro Ordóñez Ortiz.


En 2006, el auditorio se amplió con la construcción de salas anexas que albergan cinco salones para el apoyo a los grupos culturales: danzas folclóricas, grupo Macondo, teatro, coral y tuna. En 2018 se dotó de nuevo mobiliario y sofisticados equipos de sonido, video y transmisión vía streaming.
Por este escenario y su tarima han pasado distinguidos académicos, intelectuales, músicos y artistas de las más diversas disciplinas científicas y campos artísticos. Los eventos que allí se realizan reúnen miles de espectadores cada año.


Como tributo a Luis Antonio Calvo, notable compositor santandereano y uno de los más brillantes del país, la Universidad Industrial de Santander honró con su nombre a este, su máximo recinto cultural.

Luis Antonio Calvo
El maestro Luis A. Calvo (Gámbita, 1882 – Agua de Dios, 1945) es considerado un prolífico compositor de danzas, valses, bambucos, pasillos y música religiosa, e incluso música popular, aunque fuertemente centrado en obras para piano, en las que predomina la melodía. Hay, además, himnos y una opereta. Algunos de sus críticos comentan que, como autor, en Calvo hay un evidente talento musical natural que recoge pocas influencias externas, como no sean las de la música que permeó su juventud; pero, en general, sus obras son auténticas. El número total de composiciones de Luis A. Calvo sobrepasa las 160 obras.



Escultura: Luis A. Calvo (1882–1945) Autor: Jorge Marín Vieco.
Para la comentarista musical Ellie Anne Duque, “el genio romántico de Calvo radica en la facilidad con que produce una melodía tras otra en los contextos rítmicos más disímiles. Cada obra es un poema musical secretamente personalizado. Las piezas para piano de Calvo no son descriptivas, sino evocadoras. No hablan de eventos, sino de sentimientos, y de la manera más directa. La vida de Calvo no se divorcia fácilmente de su obra. Conoció la tragedia, el destierro y el desprecio social […]. Las piezas para piano son en su conjunto refinadas y elegantes; las danzas, delicadas; los pasillos, ingeniosos; los intermezzi, sugestivos, y los valses, encantadores. Obras pensadas para una sociedad idealizada, a la cual no le era permitido pertenecer. A ella dedicó su vida”.
