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Santander Visión Prospectiva 2050: el Magdalena Medio como ruta de futuro

Equipos SVP2050 y UIS Barrancabermeja en el ecoparque La Cira.

Con la primera luz de la mañana del 26 de noviembre, Barrancabermeja abrió un nuevo capítulo en el diálogo territorial del proyecto Santander Visión Prospectiva 2050. Líderes sociales, empresarios, representantes comunitarios y funcionarios estatales se reunieron con un propósito común: comprender el territorio en toda su complejidad y avanzar en su transformación desde las raíces, más allá del debate, en un ejercicio de reflexión colectiva y construcción de futuro. El evento tuvo lugar en la La Biblioteca Pública Alejandro Galvis Galvis, sede de la Universidad Industrial de Santander.

Para Juan Sebastián Gómez Fuentes, estudiante de la UIS Barrancabermeja, este tipo de espacios es fundamental porque permite “conocer en profundidad los problemas que tiene la región, tanto empresarialmente como en términos de oferta y demanda, para identificar qué se debe atacar y cómo mejorar hacia el futuro”.

En la misma línea, Richard Walter Triana, director del Centro de Estudios Regionales del Magdalena Medio, destacó que la prospectiva “ayuda a hacer ejercicios de planificación mirando escenarios posibles al 2050, visualizando esos futuros y luego regresando al presente para preguntarnos cuál es el escenario al que queremos apostarle y qué decisiones deben tomar los actores del territorio para llegar allí”.

La directora ejecutiva de ProBarrancabermeja, Susana Meza, subrayó que el papel del sector productivo es decisivo para el futuro regional: “De los empresarios depende la ruta de desarrollo de la ciudad y de la región. Tenemos que prepararnos desde hoy para construir ese nuevo camino, especialmente en medio de las coyunturas nacionales e internacionales que estamos viviendo”.

El conversatorio sobre Prospectiva Territorial Santander 2050 marcó así el inicio del quinto recorrido del equipo SVP2050, esta vez por el Magdalena Medio. Entre intervenciones espontáneas y reflexiones profundas, los participantes coincidieron en algo esencial: el futuro no puede improvisarse; debe construirse escuchando a quienes habitan el territorio y lo conocen desde sus orillas, sus calles y sus ríos.

Un viaje por el corazón productivo del territorio

Tras el conversatorio, el equipo de Santander Visión Prospectiva 2050, acompañado por Andrés Mauricio Montes Tenorio, coordinador de la UIS Barrancabermeja, se embarcó hacia las aguas del río Magdalena, ese corredor vivo que ha moldeado el destino económico, social y cultural de la región.

La embarcación avanzó entre remolinos suaves y brisa húmeda, revelando un paisaje que para los locales es cotidiano, pero para el visitante resulta contundente: el río como columna vertebral de un sistema productivo que respira entre tensiones históricas y oportunidades emergentes.

Para Andrés Montes, coordinador UIS Barrancabermeja, estos recorridos son esenciales porque “los actores del territorio son quienes lo conocen, quienes saben cuáles son las necesidades y quienes están llamados a construir el futuro que desean para sus comunidades”.

Cantagallo y Puerto Wilches: dos orillas, un mismo desafío

El viaje continuó aguas abajo hasta Cantagallo (Bolívar) y Puerto Wilches (Santander), territorios separados por límites administrativos, pero unidos por problemáticas similares.

En Cantagallo, la conversación giró en torno a la producción de palma africana, los cultivos de pancoger, la ganadería, el arroz y las dinámicas económicas sustentadas en el transporte fluvial y el intercambio con Barrancabermeja y Bucaramanga. Sin embargo, una alerta se hizo evidente: la sedimentación acelerada en la margen izquierda del Magdalena, que podría volver itinerante el puerto fluvial y elevar drásticamente los costos logísticos, afectando el sustento de cientos de familias.

En Puerto Wilches, en cambio, la preocupación se centró en la urgente necesidad de actualizar el Plan de Ordenamiento Territorial, un instrumento decisivo para evitar que la rápida expansión productiva y urbana derive en un desarrollo desordenado.

San Rafael de Chucurí: un territorio que resiste

El recorrido avanzó luego aguas arriba hasta el corregimiento de San Rafael de Chucurí, donde viven poco más de mil habitantes que resisten frente a la fuerza transformadora y amenazante del río.

Durante los últimos cincuenta años, el Magdalena ha migrado hacia el oriente, erosionando lentamente las orillas. En apenas dos décadas, el corregimiento ha perdido una manzana urbana y las proyecciones advierten que otra podría desaparecer en los próximos 25 años si no se toman medidas como la instalación de hexápodos, conocidos como ‘tablestacado‘.

Para Sergio Lozano, habitante del corregimiento, es urgente que las empresas generen empleo para los jóvenes locales para evitar la migración. También destacó el potencial ecoturístico del territorio: “San Rafael tiene lugares hermosos que podrían atraer visitantes”.

Pero además de retos, San Rafael alberga una riqueza natural invaluable: la Ciénaga de San Rafael de Chucurí, un humedal de cerca de 21 kilómetros que hace parte del sistema Chucurí, hogar de ciénagas como Aguas Blancas, El Barro y Aguas Negras. Para acceder a este ecosistema se navega por un estrecho caño donde se observan búfalos, monos desplazándose entre árboles y garzas vigilando desde el pantano.

El corregimiento también guarda un vínculo histórico profundo: en su zona norte se han hallado restos arqueológicos de cerámicas que evidencian la presencia de antiguas comunidades, un potencial enorme para el turismo cultural e investigativo.

Equipo SVP2050 socializando el proyecto con la comunidad del corregimiento San Rafael de Chucurí.

Infraestructura, educación y un río que define destinos

San Rafael cuenta con canchas, gimnasio, parque infantil, vías en pavimento rígido y sistemas de alcantarillado pluvial y sanitario. Su colegio de bachillerato se mantiene vivo gracias al transporte escolar fluvial subsidiado, que permite que estudiantes de veredas cercanas lleguen al aula.

Sin embargo, el tráfico fluvial ha disminuido un 30%, afectando a más de 60 familias. Nuevas carreteras han reducido la demanda por este servicio tradicional. Andrés Ayala Contreras, conductor fluvial, lo resume así:

“Los jóvenes han migrado bastante porque el transporte fluvial tiende a desaparecer. Antes viajábamos hasta La Dorada, Caldas o Magangué, Bolívar, ahora solo queda activa la ruta hacia Puerto Berrío. El transporte terrestre es más barato y no podemos competir”.

Una lectura colectiva hacia 2050

El recorrido dejó ver la diversidad del Magdalena Medio, pero también una constante: cada territorio conserva un deseo profundo de futuro, uno que se construye entre necesidades urgentes y sueños aplazados.

De las voces recogidas emergen líneas clave para la relatoría técnica:

  • Riesgo portuario por sedimentación y aumento de costos logísticos.
  • Urgencia de actualizar el POT de Puerto Wilches y municipios aledaños.
  • Erosión acelerada y riesgo urbano inminente en San Rafael de Chucurí.
  • Potencial turístico, natural e histórico de la ciénaga y los hallazgos arqueológicos.
  • Dependencia del tráfico fluvial, hoy disminuido, pero vital para la cohesión social y educativa.

El río como maestro

El Magdalena no fue solo ruta: fue maestro. A través de cada atracadero, cada diálogo comunitario y cada paisaje en transición, el equipo de Santander Visión Prospectiva 2050 confirmó que la prospectiva no se escribe desde oficinas: se construye navegando, escuchando y reconociendo el territorio.

Y quienes participaron lo comprendieron con claridad: el futuro de Santander no está río arriba ni río abajo; está en la suma de todas las voces que lo habitan.