87 municipios, un solo Santander: el desafío de cerrar las brechas territoriales

Habitantes de municipios de Santander sentados frente a sus casas

Las brechas territoriales en Santander evidencian profundas diferencias entre sus 87 municipios. Mientras el área metropolitana de Bucaramanga y Barrancabermeja concentran buena parte de la población, los servicios y la actividad económica, amplias zonas rurales y provinciales enfrentan dificultades de conectividad, acceso a servicios básicos y generación de oportunidades. El diagnóstico de Santander Visión Prospectiva 2050 plantea este desafío y pregunta: ¿Cómo avanzar hacia un departamento más equilibrado de cara a 2050?

Santander es reconocido por su dinamismo económico, pero detrás de esa prosperidad persisten profundas diferencias entre sus territorios. El diagnóstico de Santander Visión Prospectiva 2050 muestra una concentración económica, social y de servicios que plantea un desafío central hacia 2050: lograr que el lugar de nacimiento no determine las oportunidades de vida.

El departamento tiene 87 municipios, pero no todos participan de la misma manera en la economía ni tienen las mismas condiciones para acceder a servicios y oportunidades. El diagnóstico de Santander Visión Prospectiva 2050 revela que cinco municipios, los del área metropolitana de Bucaramanga y Barrancabermeja concentran el 71 % del valor agregado departamental, mientras los otros 82, que representan el 94 % del territorio, participan con apenas el 29 %.

La diferencia también se refleja en el ingreso: existe una brecha de 7,5 veces en el PIB per cápita entre Barrancabermeja y el municipio de Sucre, una muestra de la magnitud de las desigualdades que atraviesan al departamento. Estos datos hacen parte de la problemática denominada Desigualdad estructural y fragmentación territorial urbano-rural en Santander, identificada durante la fase de diagnóstico de Santander Visión Prospectiva 2050.

Puerto en Barrancabermeja

Cuando la distancia se convierte en desigualdad

La concentración económica no es necesariamente negativa. El problema aparece cuando está acompañada de diferencias en conectividad, servicios básicos, productividad y oportunidades.

Durante el programa radial Santander Visión Prospectiva: Voces que Construyen Territorio, el geólogo Edwin Mendoza explicó que indicadores como las necesidades básicas insatisfechas y la pobreza multidimensional evidencian una marcada diferencia entre las zonas urbanas y rurales. Mientras en el Área Metropolitana se concentra buena parte de la población y de los servicios, en las zonas rurales la población está más dispersa y tiene menores posibilidades de acceso.

La geografía santandereana profundiza esta situación. La topografía montañosa hace que algunos desplazamientos entre municipios requieran varias horas y que el acceso a servicios especializados sea complejo.

El diagnóstico muestra que el área metropolitana de Bucaramanga es el principal nodo territorial, con 23 relaciones territoriales únicas y una cobertura acumulada de 330.418 hectáreas a 60 minutos. Barrancabermeja ocupa el segundo lugar, mientras que el 55 % de los municipios tiene menos de 16 conexiones intermunicipales, por debajo del promedio departamental.

Para Mendoza, esta realidad hace que una distancia física termine convirtiéndose también en una distancia social y económica. Durante el programa puso como ejemplo el recorrido hacia Málaga y las dificultades que puede enfrentar un habitante que necesita acceder a servicios de salud de mayor complejidad.

La conectividad, entonces, no es solamente un asunto de infraestructura vial: determina qué tan cerca están las personas de la educación, la salud, los mercados y las oportunidades.

Las brechas también están en el campo

La desigualdad territorial se evidencia con mayor fuerza en el acceso a servicios básicos. En las cabeceras urbanas, la cobertura de acueducto alcanza el 96 %, mientras que en las zonas rurales llega al 48 %. En alcantarillado, la diferencia es todavía mayor: 95 % frente a 13 %. La pobreza multidimensional rural es, además, 2,7 veces superior a la urbana.

A estas dificultades se suman los retos productivos. Durante el programa, Mendoza señaló que buena parte del territorio andino presenta restricciones para una agricultura comercial intensiva y mecanizada, lo que mantiene a numerosas actividades agropecuarias con bajos niveles de productividad y rentabilidad.

La fragmentación de la propiedad rural también representa un desafío. Predios de pequeña extensión pueden dificultar que una familia genere ingresos suficientes, invierta en tecnología o produzca excedentes para fortalecer su actividad económica. El resultado es un círculo que combina baja productividad, bajos ingresos y pocas posibilidades de inversión, condiciones que pueden profundizar la permanencia de la pobreza.

Un territorio que pierde población

Las brechas territoriales también tienen una dimensión demográfica. Durante el programa radial se habló de la reducción de la población rural y de la pérdida de niños y jóvenes en algunos municipios. Escuelas que en el pasado atendían a más de un centenar de estudiantes hoy cuentan con grupos mucho más pequeños, mientras las personas mayores adquieren un peso creciente en estas comunidades.

El diagnóstico de Santander Visión Prospectiva 2050 advierte que, si las tendencias continúan, la migración de población joven podría acelerarse y generar mayor envejecimiento y despoblamiento en provincias que ya presentan condiciones de fragilidad.

La consecuencia va más allá de la reducción de habitantes. Cuando un territorio pierde población joven, también pierde parte de su capacidad para sostener sus actividades económicas, sus instituciones educativas y sus dinámicas sociales.

Panorámica de bucaramanga

No todos los caminos conducen a Bucaramanga

La fragmentación territorial tampoco se limita a las relaciones dentro de Santander. El diagnóstico señala que el 31 % del territorio tiene como principal orientación funcional a departamentos vecinos como Boyacá, Cesar y Antioquia, en lugar de Bucaramanga.

Lejos de entender esta situación únicamente como una pérdida de cohesión, los expertos que participaron en el proyecto plantearon que puede convertirse en una oportunidad de articulación.

Existen territorios que tienen relaciones económicas, sociales y de servicios más estrechas con municipios de otros departamentos. El valle del río Suárez, por ejemplo, articula dinámicas entre Santander y Boyacá, mientras otros municipios mantienen vínculos con Antioquia, Cesar y Norte de Santander.

La planificación territorial podría aprovechar estas relaciones mediante esquemas de cooperación y asociaciones supramunicipales e interdepartamentales.

La concentración también presiona a Bucaramanga

Las consecuencias de este modelo no recaen exclusivamente sobre los municipios con menores niveles de desarrollo. La concentración de población, servicios y actividad económica en el área metropolitana también genera presiones sobre el principal núcleo urbano del departamento.

El diagnóstico identifica problemas relacionados con congestión, presión sobre los servicios públicos, vivienda y expansión urbana sobre zonas ambientalmente estratégicas. En el diagnóstico, los expertos señalaron que las restricciones físicas y ambientales de Bucaramanga limitan su expansión y aumentan la presión sobre el suelo urbano y la infraestructura existente.

Por eso, cerrar las brechas territoriales no significa trasladar todo el desarrollo hacia las ciudades principales, sino fortalecer otros nodos capaces de ofrecer servicios, generar empleo y dinamizar sus propias economías.

El reto hacia 2050: un Santander policéntrico

Frente a este panorama, Santander Visión Prospectiva 2050 plantea como reto, lograr cohesión territorial y cerrar las brechas urbano-rurales mediante conectividad, infraestructura resiliente y acceso equitativo a servicios y oportunidades. La apuesta es avanzar hacia un Santander policéntrico, donde diferentes municipios y centros provinciales puedan convertirse en nodos de desarrollo.

Esto implica mejorar la conectividad entre municipios y no solamente hacia Bucaramanga; fortalecer servicios de salud y educación; impulsar la infraestructura logística; aprovechar el potencial del turismo, la economía cultural y las actividades productivas regionales; y desarrollar mecanismos de cooperación entre territorios.

Para ello será fundamental la inteligencia territorial, entendida como la capacidad de conocer las particularidades de cada territorio, comprender sus relaciones y utilizar esa información para tomar mejores decisiones.

En este proceso, la Universidad Industrial de Santander tiene un papel estratégico por su presencia académica en el departamento, particularmente a través del Instituto de Proyección Regional y Educación a Distancia (IPRED), y por su capacidad para aportar conocimiento a la comprensión y transformación del territorio.

El desafío de Santander hacia 2050 no consiste solamente en crecer. Consiste en hacer que ese crecimiento llegue a más territorios y se traduzca en oportunidades reales para sus habitantes.

Porque construir un solo Santander no significa que sus 87 municipios tengan que ser iguales. Significa que las diferencias entre ellos no deben convertirse en desigualdades permanentes y que el territorio donde una persona nace no determine las posibilidades que tendrá para construir su proyecto de vida.

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